Periodismo militante

pala.jpgEn el libro La falsa pista de Henning Mankell, un viejo reportero, Lars Magnusson, explica al detective Kurt Wallander el trabajo de la prensa:
Hay dos tipos de periodistas. “Uno es el tipo que cava la tierra en busca de la verdad. Está abajo en el hoyo echando la tierra hacia arriba. Pero encima de él hay otro hombre devolviendo la tierra hacia abajo. Él también es periodista. Entre ambos siempre hay un duelo. La lucha de fuerza del tercer poder del Estado por el dominio que nunca acaba. Tienes periodistas que quieren informar y descubrir. Tienes otros que ejecutan los recados del poder y contribuyen a ocultar lo que realmente está ocurriendo… Los hombres del poder siempre tienen empresas de limpieza y funerarias simbólicas. Hay cantidad de periodistas que no dudarían en vender sus almas por ejecutar sus recados. Volver a tapar la tierra. Enterrar los escándalos. Elevar las apariencias a verdades, garantizar la ilusión de la sociedad limpia.”
En tiempos electorales, ¿cuántos no se convierten en empleados de estas empresas de limpieza simbólica?
Los periodistas promueven a sus candidatos con evidente militancia, envueltos en la bandera de la defensa de la democracia y del mejor futuro para el país. Y en esta empresa justifican cualquier debilidad, critican en los oponentes todo lo que elogian en su propio candidato y echan tierra sobre todos sus errores, con la misma dedicación que los sepultureros.
Hasta qué punto es ética esta práctica, es una discusión que no importa al periodismo militante, que antepone un objetivo político a su responsabilidad como profesional.Aunque no hay periodismo “puro”, pues lo ejercen individuos con intereses, pasiones e ideologías, lo cierto es que muchas veces se oculta la militancia bajo un velo de neutralidad que intenta engañar al lector y en ocasiones lo logra.

Perla Oropeza

 

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