Viaje sin fin

portugal-coimbre021-smaller.jpgpeq_pl_portada_viaje_a_portugal.jpg Viaje a Portugal es mucho más que una guía de viaje por el mágico país de José de Saramago. Es, dice él, un “encuentro no siempre pacífico de subjetividades y objetividades”, pero también “choque y adecuación, reconocimiento y descubierta, confirmación y sorpresa”.

Por ser algo tan propio, es asimismo un viaje por dentro de él mismo, “por la cultura que lo formó y lo está formando”. Saramago se convirtió así, por voluntad propia, en “un espejo que refleja imágenes exteriores, una vidriera transparente que luces y sombras atravesaron, una placa sensible que registró, en tránsito y proceso, las impresiones, las voces, el murmullo infinito de un pueblo”.

Con este libro en la mano, podemos recorrer el territorio portugués recreando las imágenes de un autor magistral, que en otras novelas nos ha quitado la venda de los ojos para ver más allá de la ceguera humana.

Es un viajero muy especial, que no siempre va de buen humor. “Sabe no obstante lo suficiente de sí mismo para sospechar que su mal nace de no poder conciliar dos opuestas voluntades: la de quedarse en todos los lugares, la de llegar a todos los lugares.”

Al final del camino, Saramago sabe que no se ha acabado su viaje. “El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que se vio, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que ahí no estaba.”

*Viaje a Portugal, Edit. Punto de Lectura, Santillana, 2003

Perla Oropeza

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