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Preguntas del Bicentenario

zócaloMéxico cumplió 200 años del inicio del movimiento que lo llevó a convertirse en un país independiente y, como se acostumbra en los grandes acontecimientos, se organizaron grandes festejos.

Sin embargo, ante los tiempos de inseguridad y crisis económica y política que se viven en el país, muchos mexicanos se preguntan qué celebramos y si debimos haber gastado tanto dinero en la fiesta del Bicentenario.

Empecemos por la primera pregunta: ¿qué celebramos?

No habría nada qué celebrar si sólo pensamos en la pobreza de millones de mexicanos, que en lugar de disminuir se acrecienta; el desempleo que coloca a miles de jóvenes en un limbo donde ni producen ni se educan; el deficiente sistema de atención a la salud; las vidas perdidas en una batalla contra el crimen que parece perdida;  los políticos rapaces que sólo buscan ganar posiciones de poder; los burócratas ineptos que permanecen en el poder gracias a sus amistades y compadrazgos, etc.

A favor de los festejos, podemos anotar lo siguiente: la situación actual de inseguridad y crisis económica no permite ver que en el país no todos somos narcos ni políticos corruptos; que el país tiene una larga historia, llena de actos heroicos no sólo de los personajes que lideraron los movimientos armados, sino de millones de personas que todos los días trabajan para hacer de este país algo mejor. Que es deber de los mexicanos enseñar a sus jóvenes y niños el amor por un país que no está perdido para siempre. Que no podemos darnos por vencidos y dedicarnos a rumiar nuestras desventuras. Que celebrar el Bicentenario nos permite contagiar de optimismo a  la sociedad.

Sin embargo, el pesimismo se ha apoderado de una buena parte de la población, que no ve cómo salir de los problemas que enfrenta. Personas sin empleo, con deudas y que además encuentran en sus “líderes de opinión” mensajes de desesperanza y frustración. Lo de moda es decir que “este país se está yendo al carajo”.

Molesta mucho el dispendio en un país que creía haber dejado atrás la época en que el PRI gastaba sin pudor millones y millones de pesos en enriquecer y en asegurar la fortuna por varias generaciones de presidentes, gobernadores, legisladores y demás especies en el poder. Y que además gastaba a manos llenas en cada informe del presidente en turno, en cada Grito y en campañas.

Esto nos lleva a la segundo pregunta: ¿Valió la pena gastar tanto?

Bueno, primero tendríamos que saber cuánto se gastó, porque hasta el momento las cifras permanecen en la opacidad.

Se sabe que el gobierno federal consideró un catálogo de 560 acciones, con un costo de dos mil 971 millones de pesos, pero hasta ahora no se conoce con exactitud a dónde fue a parar ese dinero.

De lo único que se ha informado es de la Expo Guanajuato Bicentenario, que se llevó mil cien millones de pesos, de los cuales 740 millones fueron aportados por el gobierno del estado, 240 millones por el gobierno federal y 80 millones del fideicomiso del Bicentenario.

Así que sólo nos faltaría que aclararan en qué gastaron dos mil 731 millones de pesos.

¿Cuánto se pagó por el Coloso, que según mi muy particular punto de vista fue no sólo feo, sino de muy mal gusto, independientemente de que los ociosos le busquen parecido con antirrevolucionarios o con el tío Pepe?

¿Cuánto dinero recibieron los creadores que participaron en el desfile? Y la pregunta no es para restarle su valor estético, sino para que quede claro a dónde fue a parar el dinero de todos los mexicanos y por qué.

Aunque los gastos del Bicentenario fueron aprobados por el Congreso, el gobierno federal está en la obligación de precisar en qué se gastó el dinero asignado.

Cuando Alonso Lujambio, secretario de Educación, inauguró la Expo Guanajuato Bicentenario, prometió transparencia. Es lo que estamos esperando los mexicanos. Es lo que merecemos.

Perla Oropeza

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