Primer trimestre de pesadilla para el peso, aunque la fotografía final diga lo contrario

Antonio Sandoval, analista financiero, para El Rincón del Chamán.

* Reacción tardía de Banxico, cuando el daño estaba hecho; queda un precedente de casi 20 pesos por dólar en el mercado interbancario.

Seguramente el balance financiero del primer trimestre del año será de beneplácito en términos oficiales, sobre todo en materia cambiaria toda vez que la fotografía de cierre del periodo muestra un peso fuerte, recuperado y podría decirse que hasta sólido. Pero, en éste caso, como en muchos más, la historia no puede olvidarse.

Con la frialdad de las cifras, en el primer trimestre del año la moneda mexicana registró una pérdida marginal 0.45 por ciento respecto al cierre del año pasado, al finalizar en 17.29 pesos por dólar.

A simple vista podríamos señalar que el peso tuvo un buen balance trimestral  considerando los niveles que alcanzó frente al dólar, pero fueron precisamente los efectos que tuvo en su momento la debacle de la moneda nacional lo que vale la pena resaltar y, sobre todo, analizar, por sus repercusiones para la vida económica del país.

El peso registró una dramática devaluación máxima de 12.73 por ciento frente al dólar durante el periodo en estudio, de hecho llegó a estar considerado en determinado momento como la divisa más castigada del mundo.

El 11 de febrero de 2016 la cotización de cierre del mercado interbancario valor 48 horas (spot) terminó en 19.4025 unidades, un nivel jamás visto; por su parte el precio de la ventanilla bancario estuvo a un tris de tocar los 20 pesos, terminó en 19.90 unidades.

Si observamos, la diferencia entre la cotización máxima del dólar y el precio mínimo en los primeros tres meses del año fue de 2.19 pesos, se trata de la mayor variación en la historia moderna del tipo de cambio, nunca la divisa estadounidense había cotizado tan alto y después regresó a precios menos elevados.

El factor externo jugó un papel determinante, de manera especial la trayectoria de los precios internacionales del petróleo. Sin embargo, las medidas del Banco de México (Banxico) y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público llegaron en momentos en los que el daño estaba hecho, la caída del peso y sobre todo sus efectos ya habían dejado huella en la economía nacional.

Desplome financiero global por los petroprecios

La causa primordial del ajuste del peso, y de prácticamente todas las monedas en el mundo, fue la trayectoria de los precios del petróleo, mismos que durante el primer trimestre del año se desfondaron como no se había observado en muchos años.

Solo por mencionar un caso que nos afecta directamente, la cotización de la mezcla mexicana alcanzó el 20 de enero un precio de 18.90 dólares por barril, su nivel más bajo en 12 años. En cuestión de días pasó de casi 30 dólares a menos de 20 unidades.

La tendencia de los llamados petroprecios arrastró a todos los indicadores financieros en el mundo, incluyendo a las divisas, especialmente aquellas que pertenecen a los llamados mercados emergentes y cuyas economías resultaban impactadas por su dependencia de los ingresos petroleros.

En el caso de México la reacción (El Banco de México y la SHCP la llamaron sobrerreacción), fue mucho mayor debido al impacto que podría representar para las finanzas públicas.

Los mercados empezaron a descontar un eventual recorte al gasto, mismo que finalmente se materializó con un monto de 132 mil millones de pesos, de los cuales 100 mil millones recayeron directamente en Pemex, la prueba rotunda de que los precios del petróleo determinaban el acontecer financiero nacional y global.

Las expectativas de crecimiento también se revisaron a la baja, tanto en forma oficial como por parte de la iniciativa privada.

Así, según la proyección más reciente de las autoridades, México crecerá entre 2 y máximo 3 por ciento durante el presente año, mientras que otras cifras más concretas como la divulgada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) ubican la tasa de crecimiento de nuestro país en 2.5 por ciento.

El impacto en empresas, empleo, remesas, inversiones, etcétera, afectó al peso mexicano, que desde hace muchos años refleja todos los factores antes señalados.

Probablemente sí hubo una sobrerreacción del mercado, tal como lo señalaban las versiones oficiales, pero lo cierto es que también la reacción oficial fue lenta, respondieron cuando el peso ya había sufrido un grave impacto.

Es posible que las medidas anunciadas lograron contener la depreciación cambiaria, pero el daño estaba hecho y eso no se refleja en la fotografía final de los mercados e indicadores financieros nacionales, que solamente reportan el comparativo del inicio de año con el cierre del trimestre.

el peso

El timing de Banxico, la “coincidencia” mundial y el esquema fracasado

Desde principios del año pasado el sistema de subastas de dólares por parte del Banxico era seriamente cuestionado.

Se argumentaba que los participantes le habían tomado la medida al banco central mexicano elevando la cotización hasta el límite del precio permitido sin que fuera rebasado, para este no interviniera.

Con dicha mecánica, en los meses recientes se registraban periodos de constantes depreciaciones, también relevantes por su magnitud en la moneda mexicana, todo sin que Banxico pudiera intervenir debido a que no se vulneraba el precio máximo requerido.

Tuvo que llegar la debacle del peso en este primer periodo trimestral de 2016 para que el banco central mexicano aceptara la inoperancia del sistema de subastas de dólares y lo retirara, pero una vez más, el daño estaba hecho.

En ese sentido, un esquema de intervenciones directas y discresionales era lo que el mercado pedía desde tiempo atrás, Banxico se tardó por lo menos 12 meses en escucharlo.

Este medida, la de retirar el sistema de subasta de dólares, junto con la decisión de subir la tasa de interés, pareció ser el antídoto perfecto para contener la depreciación del peso y eventualmente iniciar la recuperación de nuestra moneda.

Sí, fue un acierto innegable, aunque tardío, pero que se combinó coincidentemente con la modificación en las condiciones generales de los mercados financieros y energéticos globales.

En este sentido, podemos mencionar que el timing del Banxico y de la SHCP fue coincidente con el cambio en el entorno global; queda para la historia como una reacción acertada y afortunada por un lado, pero proporcionalmente desafortunada por el otro.

La eficiencia de las tareas regulatorias se magnifica cuando éstas logran resultados en un contexto de volatilidad, y quedan dudas cuando se modifica el escenario global justo en el momento en que son aplicadas las regulaciones o medidas, ese factor al que las autoridades achacaron la responsabilidad de la debacle de la moneda nacional.

El 12 de febrero, un día después de otro desplome global de los precios del petróleo, empezaron a surgir versiones en el mercado petrolero respecto a eventuales acuerdos entre los principales países productores de petróleo para cuando menos poner topes a la producción del hidrocarburo, y con ello apoyar la cotización del petróleo a nivel global.

El simple rumor tuvo efecto, los días siguientes fueron tomando forma las pláticas, entre públicas y secretas, que llevaron a cabo diversos actores del mercado petrolero, eso ayudó a “rebotar” los precios y redujo presiones en los indicadores financieros, especialmente en las monedas emergentes.

El peso y otras divisas redujeron la intensa presión a la que estaban sometidas prácticamente desde finales de 2015 y todo lo que iba del año, en el caso de la divisa nacional el precio interbancario del dólar bajó en un solo día de 19.4025 a 18.9185 unidades.

Cuando el 17 de febrero de 2016 el Banco de México y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anunciaron el recorte al gasto junto con la desaparición del esquema de subastas de dólares y el incremento a la tasa de interés en 50 puntos base, el precio del petróleo WTI ya había rebotado de 26 a 30 dólares, el Brent cotizaba en 34.50 desde 30 dólares y la mezcla mexicana se recuperaba hasta niveles de 25.60 dólares frente a un previo de 22 unidades por barril, y desde su mínimo de más de una década ubicado en 18.90 dólares.

La afortunada coincidencia entre las medidas anunciadas por Banxico y el desempeño de los petroprecios propiciaron una mayor recuperación del peso mexicano, quizás los ajustes de las autoridades regulatorias eliminaron esa sobrereacción del mercado. Lo que es cierto es que será muy difícil saber hasta dónde el mercado se ajustó por el factor externo y en qué medida lo hizo por el contexto interno, pero los efectos fueron innegables.

Bolsas de valores erráticas

En las bolsas de valores se observó la misma tendencia al cierre del primer trimestre del año, respecto a lo sucedido en otros indicadores.

El balance llegó a ser positivo en algunos caso, sin olvidar que también se registraron durante el periodo fuertes desplomes y variaciones significativas.

Las plazas bursátiles no hicieron sino replicar lo que sucedió en los mercados energéticos y cambiarios.

En el caso de la Bolsa Mexicana de Valores se reportó un saldo favorable, incluso superior al registrado en el referente de Nueva York; al cierre  la ganancia del Índice de Precios y Cotizaciones fue de 6.75 por ciento, frente a un avance de 1.49 por ciento en el Dow Jones, así como pérdidas de 2.74 por ciento en el Nasdaq y 0.17 por ciento en el S&P500.

Los precios del petróleo tuvieron un balance positivo en medio de la agitación que registraron y que amenazó con convertirse en una de las peores debacles del mercado de hidrocarburos.

Al final del trimestre el Brent ganó 7.61 por ciento, el WTI 2.99 y la mezcla mexicana subió 12.35 por ciento.

Las cifras finales del primer trimestre del año no reflejaron el caos vivido a lo largo del periodo, pero los efectos no pudieron borrarse; en este sentido, los indicadores financieros y energéticos tuvieron el peor inicio de año en mucho tiempo, lo que nos hace recordar que vivimos todavía en una era de turbulencias. cuadro peso

 

 

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