La guerra por la CdMx

Por Manuel Ávalos, analista político.

Correo de contacto: malvaxxi@gmail.com

Hace poco más de dos años advertíamos que la Ciudad de México vislumbraba un escenario difícil en su futuro político, ya que el bloque de la izquierda que se había mantenido en el gobierno desde 1997 presentaba fracturas por la disputa virulenta de las llamadas tribus del partido en el gobierno (PRD) que amenazaban minar la gobernabilidad y la estabilidad de la administración pública capitalina.

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Asimismo, señalábamos otro de los factores de riesgo que gravitaba de manera amenazante para la vida de la capital de la República y que podría desbarrancar el programa de gobierno de Miguel Mancera: la delincuencia que asola las 16 delegaciones y que amenaza penetrar las estructuras policíacas, los gobiernos delegacionales, los partidos y las organizaciones sociales.

El fenómeno delictivo en la capital de la República tiene una variable que se menciona poco y se estudia menos, que es la infiltración de las agrupaciones delictivas a las estructuras de gobierno de las delegaciones políticas, verdaderas mafias, muy sólidas que actúan en estructuras corporativas que se confunden con las estructuras territoriales de los partidos, principalmente del PRD, pero que seguramente irán buscando a otras organizaciones en la medida en que éste partido pierda su capacidad y su control político.

Inmersos en las organizaciones de ambulantes, franeleros, transportistas tolerados, gestores de vivienda popular y de casi cualquier trámite administrativo, que en complicidad con los funcionarios responsables de los puestos claves en las jefaturas delegacionales, controlan casi todos los programas de las demarcaciones, particularmente los programas sociales, obras públicas y los programas de regularización territorial y vivienda.

Es decir, la descomposición y la corrupción en las estructuras administrativas y de gobierno de la Ciudad de México que se venía dando desde el viejo régimen priista, se consolidó desde la llegada del PRD al gobierno de la Ciudad de México en 1997 a través de un programa de gobierno que buscó orientar recursos presupuestales para atacar la marginación y la pobreza, pero que se pervirtió por las estructuras clientelares de muchas de sus organizaciones y “tribus” que se apoderaron de estos programas a través de su estructura territorial.

El escándalo mediático del 2014 generado por el caso del dirigente priista capitalino Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, defenestrado por sus excesos y una supuesta vinculación con redes de trata de mujeres, finalmente era sólo la punta de una madeja pestilente de la manera en que los diversos partidos políticos se vinculan con organizaciones y grupos que son capaces de apoyarlos en lo que sea necesario con el único objetivo de obtener su supervivencia.

Aquél escándalo del hijo del “rey de la basura” que llegó a dirigir el comité priista en la capital del país y que amenaza ahora con regresar, apenas era el asomo de cómo otras organizaciones políticas se convirtieron en réplicas y en el caso del PRD fue excepcional su desarrollo en la aplicación de programas clientelares y de corrupción que terminaron por acabar con su credibilidad, generar la división interna, y con ello la salida de sus filas de liderazgos históricos de la izquierda que tienen al partido en un punto de quiebre muy cercano a un cisma.

El más reciente escándalo protagonizado por la dirigente nacional Alejandra Barrales con la fracción senatorial perredista, principalmente con Miguel Barbosa, amenaza con convertirse en un nuevo episodio de golpeteo bajuno entre las facciones de una organización política que pasó de ser una alternativa electoral nacional a una cuestionada organización, en la cual muchos de los dirigentes, ex gobernadores, ex alcaldes y ex delegados de la CDMX se convirtieron en nuevos empresarios con pujantes negocios inmobiliarios, hoteleros y espacios de diversión nocturna.

La crisis de los partidos en la Ciudad de México, principalmente del PRD, así como del PAN que mantiene su estructura casi familiar y más parecida a un club social que no logra erradicar a una pandilla que ha usufructuado con creces su cercanía y entrega al gobierno de la CDMX y que lo nulifica como una alternativa electoral viable para el 2018.

En el caso del PRI, después del caprichoso ensayo de Mariana Moguel, la hija de la ex dirigente del PRD, Rosario Robles, que aportó poco o nada a los tricolores chilangos, ahora el ex dirigente Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre y su grupo amenaza nuevamente con asaltar al comité regional para buscar participar en el mercado electoral del 2018.

No obstante, en este escenario la joven diputada constituyente Cynthia López Castro ha anunciado su deseo de ingresar a la batalla por la dirección del comité priista capitalino, pero sin mayores méritos y recursos que su apadrinamiento de Los Pinos.

En el lado de Morena, su rápido posicionamiento por el descrédito y caída del PRD, lo ubican como el partido con mayores expectativas pero no por ello exento de batallas internas, algunas que pudieran ser rudas.

Sin duda, el jefe delegacional en Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, será el candidato a vencer para la Jefatura de Gobierno por su cercanía con el dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador, pero tendrá que sortear el golpeteo que se acrecentará en la medida que se acerque el calendario electoral y las presiones que surgirán en el partido por la sucesión de una delegación estratégica como la que gobierna.

La pelea por la candidatura de Morena en la delegación Cuauhtémoc seguramente estará entre el diputado local Néstor Núñez, el “cachorro” del gobernador de Tabasco, del diputado y ex delegado Alfonso Suárez del Real y Bennelly Jocabeth Hernández, directora de Desarrollo Social, quien podría ser la sorpresa en esta batalla.

Fotos: El Rincón del Chamán.

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