El 68(7): El ejército, víctima propiciatoria de sistema-PRI (partes 5, 6 y 7)

Por Carlos Ramírez, periodista y columnista, director de Indicador Político.

El 68 (7). El ejército, víctima

propiciatoria de sistema-PRI

Aun en el supuesto caso de que efectivos militares hayan actuado en el 68 como dicen las acusaciones más radicales, el hecho real fue que las fuerzas armadas nunca decidieron/operaron por sí mismas y siempre lo hicieron obedeciendo institucionalmente instrucciones superiores civiles.

Por tanto, los militares también deben ser asumidos como víctimas de las razones, mecanismos y decisiones tomadas por el presidente de la república (Gustavo Díaz Ordaz), el secretario de Gobernación (Luis Echeverría), el secretario de la Presidencia (Emilio Martínez Manautou), el jefe del Departamento del Distrito Federal (Alfonso Corona del Rosal) y el director de la Federal de Seguridad (Fernando Gutiérrez Barrios). De haberse negado a cumplir las órdenes civiles, los militares –jefes, oficiales y tropas– hubieran caído en situación de insubordinación castigada por las leyes.

Ahí tiene toda la razón el presidente electo al señalar que nunca ordenará a los militares reprimir. En el largo periodo 1941-1968, los militares fueron usados como fuerza antimotines civiles sin que existieran condiciones legales de rebelión o de emergencia en seguridad interior. La utilización del ejército contra protestas civiles radicales en las calles (no la guerrilla) violó la Constitución porque en el 68 no hubo situaciones de seguridad nacional ni circunstancias de seguridad interior.

El gobierno civil en 1968 debería ser juzgado aún por el uso de la fuerza militar contra la población civil disidente. Ante demandas democratizadoras sociales contra el sistema autoritario del PRI, los gobiernos priístas y la oposición leal usaron al ejército contra civiles, ante la carencia de algún cuerpo especial antimotines: un recuento de Raúl Jardón destaca el uso de militares en huelga de una cooperativa de vestidos en 1941, en 1956 López Mateos contra el Politécnico, en1959 López Mateos contra ferrocarrileros, en 1962 contra Jaramillo, en 1960-1962 contra movimiento cívico en Guerrero, en 1966 contra la Universidad Nicolaíta y en 1967 contra la Universidad de Sinaloa.

En todos esos casos el ejército fue utilizado sin cumplir con la Constitución. Y lo hicieron gobiernos constitucionales ante su incapacidad política para lidiar contra las movilizaciones sociales con demandas democráticas.

El huevo de la serpiente lo incubó el general Lázaro Cárdenas en 1938 cuando transformó el Partido Nacional Revolucionario en Partido de la Revolución Mexicana y le colocó cuatro pilares corporativos como columnas del partido del gobierno y del Estado: obreros, campesinos, grupos populares y militares. En ese momento Cárdenas convirtió al ejército en el sector castrense del partido del Estado, el PRM. Ávila Camacho corrigió ese despropósito y despareció el sector militar, pero el daño ya estaba hecho.

Todas las protestas sociales que tuvieron que enfrentar al ejército fueron motivadas por razones políticas contra autoritarismo del gobierno, defensa de intereses del PRI y negativas del sistema-PRI a abrir cauces democráticos de participación. Las primeras protestas del 68 fueron contra el abuso de autoridad de los granaderos y el presidente Díaz Ordaz, el único que podía autorizar el uso de militares, dio la orden de escalar la respuesta autoritaria sacando a los soldados contra las protestas estudiantiles.

La mentalidad autoritaria de Díaz Ordaz y el juego de la sucesión presidencial de 1970 que había comenzado después de las elecciones federales de 1967, con un congreso senatorial de 100% de curules al PRI y 85% de diputados y edad mínima para votar de 21 años o de 18-21 si estaban casados por lo civil. A pesar de su dominio total del sistema político, al PRI de Díaz Ordaz le faltó sensibilidad democrática: toda disidencia fue aplastada en nombre del Estado total y totalizador, una mentalidad dictatorial fascistoide tipo Carl Schmitt.

Después del 68, los militares fueron las víctimas propiciatorias del poder civil que los usó por abuso de fuerza o por miedos sociales. Pero en la realidad política, los responsables del 68 fueron los políticos y funcionarios que ordenaron y mantuvieron a los militares contra la población civil que demandaba democracia. Sobre los civiles que ordenaron el uso de la fuerza militar y los que supervisaron la represión debería caer el juicio de algún tribunal especial por crímenes de lesa humanidad.

Y a los militares les queda una ley de seguridad interior que establezca órdenes civiles por escrito para deslindar responsabilidades.

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El 68 (6). Nadie quiere investigar

porque todos son corresponsables

El 68 (6). A cincuenta años de distancia del movimiento estudiantil del 22 de julio al 4 de diciembre de 1968 sólo existe una certeza: los responsables de la crisis de violencia institucional fueron el sistema político, el régimen de gobierno y el Estado constitucional.

Tlatelolco no fue una crisis de circunstancias sino una acumulación de contradicciones sistémicas y sociales. A lo largo de los sesenta los gobiernos de López Mateos y Díaz Ordaz usaron a las fuerzas armadas contra estudiantes y ocuparon instalaciones educativas y en el 68 se repitió la dosis. Los estudiantes y sus protestas ideológicas ponían en riesgo la legitimidad del PRI y sus aliados en el poder.

Por eso todos han sido responsables y por eso medio siglo después funciona la coartada más sencilla: nadie sabe, nadie supo y todos lo lamentan. Pero el factor central del movimiento aparece claro sin que nadie quiera indagarlo porque caerían muchas caretas falsas: la lucha por la candidatura presidencial del PRI, con el involucramiento de autoridades universitarias.

Algunos datos relevantes:

1.- En 1969 Gastón García Cantú, director de difusión cultural de la UNAM y confidente del rector Barros Sierra, participó en un grupo de la Academia Mexicana de Ciencias Humanas para publicar el folleto El dilema del desarrollo, democracia o autoritarismo, como apoyo directo y abierto a la precandidatura del secretario de la Presidencia, Emilio Martínez Manautou. Entre otros, firmó también Víctor Flores Olea, profesor radical de izquierda marxista en Ciencias Políticas de la UNAM; y luego director 1970-1975 y finalmente embajador de Echeverría en la URSS y más tarde académico del sistema priista. El propio Barros Sierra había perdido la sucesión priísta de 1964 ante Díaz Ordaz.

2.- El regente Alfonso Corona del Rosal tenía un grupo secreto que lo apoyaba y que se dedicó a confrontar a Luis Echeverría, secretario de Gobernación. Pero la sucesión de 1970 estaba cantada: Echeverría. La alianza Díaz Ordaz-Echeverría se tejió desde 1956 cuando se configuró el grupo de poder para enfrentar la disidencia magisterial: Díaz Ordaz como oficial mayor de Gobernación, Echeverría como oficial mayor de la SEP y el triángulo se cerró con Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de control político de la Federal de Seguridad. Esta troika de fuerza funcionó de 1956 a 1968.

3.- Díaz Ordaz era un hombre de poder y de fuerza. El 68 estudiantil tuvo su antecedente en 1964: el movimiento médico estalló en plena campaña y elecciones de 1964 y su exigencia era un diálogo público con el nuevo presidente. Díaz Ordaz les concedió una audiencia sólo para dejarles claro que el Estado no se dejaba doblegar, que los médicos debían de someterse al orden y que el Estado tenía la fuerza para aplastar cualquier insurrección. Los médicos deshicieron su movimiento y muchos se exiliaron. Díaz Ordaz manejó el 68 estudiantil con el mismo método.

4.- Los cincuenta años del 68 se recordaron con homenajes, frases vacías, Díaz Ordaz como el único responsable y ninguna investigación real para desentrañar el misterio. La razón es sencilla: en 1968 todos fueron responsables porque se trató de una represión de sistema/régimen/Estado. Varios de los que estaban en el PRI o trabajaban en el gobierno se pasaron a la oposición sin aclarar sus responsabilidades históricas con el 68. A todos ellos les conviene que el 68 sea sólo un día de guardar; a nadie le conviene que se investiguen corresponsabilidades directas o morales o políticas.

5.- La lista de corresponsables es larga: funcionarios del gabinete, grupos políticos del PRI y de la UNAM, académicos priístas, la estructura del PRI, la gran prensa de Excélsior, El Universal, La Prensa, El Sol de México, la prensa disidente pero sistémica: Política y La Cultura en México, todos los diputados y senadores de todos los partidos, todos los partidos registrados, todos los gobernadores, casi todos los intelectuales (con la excepción no reconocida de Octavio Paz), todo el poder empresarial (Coparmex, la Asociación de Banqueros, las Cámaras), los directores de Ciencias Políticas (Enrique González Pedrero) y Economía (Ifigenia Martínez), los jilgueros como Muñoz Ledo, todo el sistema judicial, la Suprema Corte y el juez de consigna Eduardo Ferrer MacGregor y la línea dura del Consejo Nacional de Huelga que llevaron al movimiento al abismo. Muchos de ellos ahora estuvieron al lado del movimiento.

Por eso el 68 ha quedado sólo en un lamento.

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El 68 (5). Octavio Paz definió el

2 de octubre: crisis de sistema-PRI

Por Carlos Ramírez, periodista y columnista, director de Indicador Político

Todos los recuerdos, efemérides y convocatorias del movimiento estudiantil del 68 han parcializado sus héroes civiles. Y una de las figuras emblemáticas que encaró al presidente Gustavo Díaz Ordaz el 3 de octubre: el poeta Octavio Paz, ha sido, de nueva cuenta, desdeñada.

En cambio, otra figura que se dedicó a justificar la represión y la matanza en Tlatelolco, Porfirio Muñoz Ledo, está ya encaramado en la estructura de poder del grupo disidente del PRI y que quieren apropiarse de la lucha juvenil no sólo sin haber participado, sino estando en el gobierno de Díaz Ordaz y Luis Echeverría.

Esta columna se basa en dos libros en circulación escritos por el autor de Indicador Político: El 68 no existió (https://articulo.mercadolibre.com.mx/MLM-644792253-libro-el-68-no-existio-_JM) y Octavio Paz y el 68. Crisis del sistema político priísta (https://articulo.mercadolibre.com.mx/MLM-644793050-libro-octavio-paz-y-el-68-_JM), de venta también en Amazon-Kindle, y en documentos publicados en El 68 en Indicador Político: http://www.indicadorpolitico.mx/?page_id=84528.

Octavio Paz renunció a la embajada de México en la India siguiendo el protocolo de pasar a disposición; sin embargo, su carta de renuncia dejó claro que lo hacia en protesta por la matanza de estudiantes. Ningún otro funcionario del gobierno de Díaz Ordaz renunció ni se retiró y todos los que se quedaron tuvieron que pasar a la historia de la ignominia del 2 de octubre.

Una vez conocida la renuncia, Díaz Ordaz dio la orden de apabullar a Paz. Apenas un año antes Paz había ingresado a El Colegio Nacional y ganaría el nobel de literatura en 1990. Sólo el intelectual del sistema Emilio Uranga, titireteado desde la Secretaría de Gobernación, publicó ataques.

Paz decidió un autoexilio de poco más de un año. En octubre de 1969 participó en las conferencias sobre México en la Universidad de Texas en Austin con un texto sólido de análisis político titulado: México: la última década. La referencia recordaba 1958 cuando Paz publicó, corriendo el riesgo por ser entonces miembro del cuerpo diplomático, un desplegado de intelectuales para protestar contra la represión a líderes sindicales.

La conferencia en Austin formo parte de un cuerpo analítico: su análisis de las rebeliones estudiantiles que había enviado a la cancillería en septiembre de 1968, a petición específica del presidente Díaz Ordaz, la conferencia en Austin y Posdata. Los tres documentos debieran ser recuperados como un ejemplo claro del ensayo político y de ciencia política aplicada, aunque la academia politológica, hacia 1968-1970, carecía de autonomía teórica porque formaba parte de los mecanismos de control ideológico del sistema priísta.

En las efemérides de los 50 años del 2 de octubre de nueva cuenta ha habido un desdén hacia Octavio Paz. Sin embargo, sus tres textos referidos fueron los únicos que analizaron el movimiento estudiantil como una crisis estructural, ideológica e histórica del sistema político priísta. Paz concluyó que el dilema del sistema/régimen/Estado priístas era simple: democracia o dictadura. Desde la ciencia policía comparada, Paz analizó al sistema-PRI en la óptica de las dictaduras comunistas del Este soviético.

La crítica politológica institucional sobre el movimiento estudiantil se hizo desde el escenario del nacionalismo revolucionario priísta; las revistas Política y el suplemento La Cultura en México reducían la crítica a señalar abusos de grupos conservadores, pero tratando de mantener vivo el espíritu de la Revolución Mexicana. Paz se negó a ese pensamiento histórico oficial. Su tesis central fue que la élite dirigente del gobierno priísta se había endurecido frente a oleadas de exigencias democráticas de la sociedad.

La relectura de la conferencia de Paz en Austin –publicada en la revista La Crisis http://www.indicadorpolitico.mx/?page_id=84528–, las cartas publicadas en Vuelta en abril de 1998 y Posdata han sido hasta ahora el único análisis sistémico de la crisis del sistema político priísta en 1968. La crisis del 68 fue el agotamiento del discurso de la Revolución Mexicana, el colapso del capitalismo de Estado que abrió la brecha entre riqueza y pobreza y la ilegitimidad del dominio de una casta burocrática del poder y planteó la democracia como la única salida al colapso derivado de la lucha juvenil por las libertades, con la respuesta autoritaria-represiva del régimen.

La interpretación del 68 ha estado incompleta por el desdén a los análisis de Paz. Pero la revisión del 68 estará mutilada sin Paz.

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