Tec&Com|Ética y verdad en un mundo que se virtualiza

Por J. Alfredo Ponce, especialista en Comunicación Estratégica.

Correo de contacto: j.a.pp@hotmail.com

Twitter: @japponce

Existe una preocupación global por la falta de ética de quienes difunden falsedades en Internet y la posibilidad de que puedan influir en el bienestar político, económico y social de nuestra sociedad.

Hoy en día las actividades y relaciones que antes de la aparición de internet y las redes digitales solamente eran posible realizar en el espacio real, presencialmente, se están trasladando al espacio virtual.

Para Martín Serrano, la comunicación y/o la información son los recursos que se utilizan para virtualizar tanto las relaciones personales como las actividades de la vida cotidiana.

“Lo virtual está adquiriendo realidad y la realidad se está haciendo virtual”. (OCDE, 2003)

Son un nuevo territorio de la verdad, la belleza y la bondad, pero al mismo tiempo del engaño, el abuso, la destrucción y el crimen, en sus nuevas formas de expresión.

Estimaciones recientes de la cantidad de información que circula en Internet establecen que los humanos y sus máquinas procesamos y compartimos más información en un día que toda la que conocieron las generaciones precedentes. La conexión de individuos y la transferencia de datos son ahora cuantitativa y cualitativamente superiores.

Apenas hace siete años se enviaban cada minuto 11 millones de mensajes a través de aplicaciones de mensajería instantánea, mientras que ahora se sobrepasan los 41 millones. (Trecebits)

Los datos correspondientes a 2019 reflejan el constante aumento del flujo de información en la red. En sólo 60 segundos se comparten ahora, por ejemplo, más de 87.500 tuits, más de 347.000 scrolls se realizan en Instagram y 4,5 millones de vídeos se visualizan en YouTube. El problema es qué de esa cifra, gran parte es falsa, poco creíble o banal.

Según estudio de Science en Twitter, de 2006 a 2017, alrededor de 126,000 rumores fueron difundidos por 3 millones de personas más de 4.5 millones de veces. Las noticias falsas llegaron a más personas que la verdad; el 1% superior de las cascadas de noticias falsas se difundió entre 1000 y 100,000 personas, mientras que la verdad rara vez se difundió a más de 1000 personas. En conclusión, la falsedad se difunde más rápido y más ampliamente que la verdad, lo cual merece reflexionarse.

Ética para emisores

¿Qué está pasando en la sociedad? Prevalece una pérdida de valores sustantivos, una erosión progresiva de las cualidades que nos unen y dignifican y una sustantiva rebaja del humanismo, compasión y de consideración al otro.

Dignificar los principios éticos y morales que rigen nuestras sociedades no son una prioridad de gran parte de los emisores en Internet. Por ello generan grandes bloques de desinformación e intoxicación social que debe valorarse y acaso corregirse, dentro de “un ambiente moral en el que las convicciones se han sustituido por el egoísmo y el sentimiento”. (Ibañes,2013)  

Hoy Internet permite que circule información sin filtro de calidad – transmisora de mentiras y banalidades – ni veracidad, al multiplicarse el número de emisores de contenidos y claro está, debilitar, erosionar principios, valores e intencionalidades del estar en la Red.

El dilema es si en México deberíamos hacer algo para contrarrestar este fenómeno o dejar que en ejercicio de la libertad muchos internautas sigan padeciendo insultos, mentiras y amenazas. Casos sobran.

Desafíos de las TIC

Está por construirse una ética relevante a las condiciones de supervivencia y bienestar personal y social en este mundo moderno. Sin embargo, es posible anticipar que esta tarea pendiente será una de las más significativas de la educación del futuro.

Es comprensible que la globalización que genera Internet exija para ello regulaciones de carácter global –ética común- que establezcan patrones de conducta y definan una defensa universal de valores humanos.

Las normas que procuren proteger la privacidad, la propiedad y el acceso también deberían de ser globales, sin que ello implique dar vía libre a comportamientos criminales y faltos de ética.

Además, el uso ético y responsable de estas tecnologías deberá perfeccionarse de alguna manera para que las mismas puedan realmente cumplir el papel de “fomentar la prosperidad y la paz, el crecimiento intelectual y estético, la comprensión mutua entre los pueblos y las naciones a escala mundial”.

Es un hecho qué para mantener la cohesión social y la defensa de valores universales -mientras no exista una regulación única para herramientas globales como Internet- habrá que reclamar a los usuarios autoprotección a sus derechos, ajustarse a los códigos de ética prevalecientes –valores adquiridos- y decidir en qué términos y de qué modo ceden sus datos.

Sólo así podríamos caminar, a buen ritmo, hacia espacios de mayor paz, serenidad, sensibilidad, afectividad y compasión. Avanzar hacia un mundo más igualitario, más transparente, situado en una esfera superior de evolución cognitiva y moral.

Ilustraciones tomadas de Internet.

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