Tec&Com2020 // Ciberseguridad en tiempos del cólera

Deja que el tiempo pase y ya veremos lo que trae. GGM

Por José Alfredo Pulido Ponce, especialista en Comunicación Estratégica @japponce

Durante la pandemia de coronavirus el uso de la tecnología se ha vuelto esencial para un mayor número de personas: trabajar, estudiar, informarse, entretenerse, comunicarse. No obstante, también se ha registrado un aumento en los riesgos operativos y legales, amenazas, vulnerabilidades frente a los ataques de delincuentes informativos.

Alfabetización digital  

La alfabetización digital, en el mundo nuevo, será una herramienta poderosa, no sólo para la sobrevivencia de la especie, sino también de evolución y el perfeccionamiento de su organización social.   

Aprender el uso adecuado de las tecnologías de la información y la comunicación, administrar, controlar la tecnología y sus componentes permitirá el empoderamiento del hombre digital, insertarse en ambientes transformadores y de cambio más dinámicos, de más alto rendimiento y con la capacidad de modificar su realdad y su entorno, midiendo los impactos y alcances, garantizando su autoprotección. 

El ritmo acelerado y transformador de la tecnología, que se ha visibilizado más con la pandemia, confirma la alta debilidad, vulnerabilidad y el riesgo, físico y mental, al que estamos expuestos con el uso incontrolado de estas nuevas y modernas herramientas.

Algunos de esos riesgos son por el poco entrenamiento para navegar, la falta de cultura para saber seleccionar, el poco control sobre sus efectos y la ausencia de criterios válidos y experiencia para discriminar lo útil de los inservible. Otros tienen que ver con la prevención de delitos cibernéticos como el hackeo de sitios, robo de datos personales, envío de virus en contenidos y aplicaciones en celulares o envío de cadenas de origen dudoso.

Todos dañan la dignidad humana, la integridad de las personas, la credibilidad, reputación y patrimonio de las empresas e instituciones.

Más conectividad menos habilidad

La pandemia ha provocado un contagio mayor: el aumento progresivo de la conectividad y de las interacciones a través de dispositivos vinculados a internet.  Cada vez más personas se relacionan con más gente y durante más tiempo, utilizando una diversidad de dispositivos y herramientas tecnológicos, pero en una franca situación de debilidad y vulnerabilidad frente al poder de las organizaciones tecnológicas y de usuarios maliciosos que dañan, confunden y lucran en la red.

De acuerdo con reportes de la agencia DPL News, el confinamiento social por el COVID modificó el comportamiento de los cibernautas, provocando un mayor uso de Internet, navegación en redes sociales y un menor gasto de datos móviles. 

La red ATT ha informado que el comportamiento del usuario ha migrado al uso de herramientas colaborativas como UBEREats, Rappi o DiDi Food, la cual se ha multiplicado 2.5 veces. Aplicaciones de videollamada como Zoom, también han alcanzado crecimientos importantes.

De acuerdo con datos generados en el IFT, en 2017 la mitad de la población estaba conectada a internet, y se espera que para 2025 sea el 75%, con cerca de mil millones de usuarios conectados. El crecimiento de los cibernautas aumento 180% tan sólo en el último año.

Además, se estima que el cibercrímen implique una pérdida de 6 mil millones de dólares al año a nivel mundial. En México, los crímenes informáticos, como el robo de información o el fraude, generaron una economía negra de más de 30 MMDP, según cálculos no oficiales.

Ciberseguridad

La ciberseguridad, en ese contexto, deberá ser la herramienta que reduzca o en su caso elimine, tanto los delitos en la red como el ritmo de evolución y los inconvenientes que provoca un ecosistema tan abierto, tan volátil y con tan pocos controles regulatorios. Una herramienta para lograr con seguridad la transformación digital que la sociedad de hoy exige.

Aunque México no sea un entorno seguro, en términos cibernéticos, por la ausencia de una estrategia nacional de ciberseguridad, la falta de una legislación en materia informática y la necesidad de una cultura de la prevención, deberá apostarse por esta vía y afrontar los retos: 

  • El Estado deberá crear una cultura general de ciberseguridad y garantizar los derechos digitales de todos.
  • El reto de mejorar el marco jurídico y realizar acciones con enfoque en los derechos humanos.
  • El reto que exige la articulación de esfuerzos entre individuos, gobierno, iniciativa privada y la sociedad civil.
  • El reto de conseguir que todos participemos plenamente en la sociedad digital de forma segura y confiable.

El reto de dotar a la población en general de herramientas y habilidades con las que puedan protegerse de las amenazas existentes en internet, sentar las bases de una nueva regulación y conjuntar la inteligencia innovadora de todos para contribuir a la transformación y el desarrollo que todos esperamos. 

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