Al abuelo Jean Tardán

Por Juan Pedro Sol la Lande Tardán , caricaturista.

Antes de que termine julio recuerdo con mucho cariño mis experiencias que viví hace 43 años.
Siendo estudiante de periodismo, con 22 años por cumplir, culminaba  un largo viaje por tierra como mochilero por Centro y Sudamérica. Junto con mi compañero de viaje Alfonso Serrano Maturino, también estudiante de la Carlos Septién, habíamos recorrido varios miles de kilómetros desde México hasta Argentina después de haber visitado Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina. Al visitar la embajada de México en La Paz, Bolivia, recibí una correspondencia de mi abuelo materno Jean Tardán. Al abrir el sobre me sorprendió que en medio de una hoja tamaño carta doblada en tres partes venía un billete de 50 USD. El abuelo, conociendo nuestra ruta supuso que recibiría esa carta. En pocas líneas me deseaba suerte y deseaba que esa pequeña aportación me sirviera de apoyo para lo que quedaba del viaje.
Por supuesto que me levantó el ánimo tener esos dólares extras en la bolsa (un «gasolinazo», diría un amigo sinaloense).

Proseguimos nuestro viaje en tren por territorio boliviano hacia el sur en la última semana de marzo  cuando nos enteramos del golpe militar que había padecido la Argentina. Cruzamos la frontera, en la Quiaca sin problemas.

A pesar del estado de sitio recorrimos las pampas visitando el noroeste del país cruzando las ciudades de Salta, Jujuy, Tucumán hasta llegar a Córdoba, Rosario y finalmente Buenos Aires donde encontramos un barco mexicano el «Rio Yaqui» que nos trasladaría hasta Veracruz. 
La travesía fue larga ya que el barco se detuvo en varios puertos para cargar y descargar mercancías. Estuvimos en Santos, Brasil, en Curacao, asi como en Caracas y Puerto Cabello en Venezuela, Puerto Cortés en Honduras y Puerto Barrios en Guatemala. Era la primera quincena de julio cuando desde tierra realice una llamada a México desde una caseta telefónica. Con voz entrecortada mi madre me comunicó que el abuelo Jean había fallecido una semana antes a sus 88 años. Coincidía la fecha con el golpe a Excélsior el 8 de julio. En esa última edición apareció su esquela. 
Al regresar a la ciudad de México, en agosto, fui a visitar su tumba en el Panteón Francés de la Piedad. Le agradecí en medio de mis oraciones el apoyo que me brindó y le desee suerte. Él había emprendido su viaje final y sin un dólar de por medio.  

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