De blog a blog: Poliedro / Historia y reivindicación

Por Gerardo R. Herrera Huizar, académico.

@GerardoHH5

Absolutos y relativos: héroes y villanos; verdades y mentiras; sublimidad y abominación; valor y cobardía; insultos y alabanzas… Todo se conjuga en la historia de una nación, en su construcción o en su destrucción.

El pasado, materia prima de la historia, igual que el barro, puede ser moldeada al antojo del artesano, según su concepción, según su artístico y soberano capricho, según su interés o su ambición. Historiar no es sólo el acto de contar historias, es también el arte de interpretar, formular y exponer los sucesos. El más casuístico y remoto acontecimiento, por más anciano o reciente, vertido en el crisol de la idea y aderezado de retórica, adquiere una morfología distinta de la original. Maleable y dúctil, cual es su naturaleza, es susceptible de adaptarse líquida y dócilmente a las circunstancias del momento y a las intencionalidades de su creador.

Alejandro MagnoGenghis KhanJulio César, sólo a manera de ilustración, bien pueden ser presentados como grandes capitanes o como malvados tiranos, todo depende de la visión del escribidor, la emoción del bardo o el ingenio del juglar. Al fin y al cabo, el relato lo dicta el victorioso y el tiempo, la redundancia y la repetición, harán su parte, relucirá la hazaña u ocultará el oprobio.

El gran capitán romano, Julio César, narró en su crónica La guerra de las Galias las vicisitudes vividas en tierras galas y su sacrificado triunfo que condujo a la anexión de la prospera región anhelada por Roma y, más tarde, el reclamo del imperio por el aclamado líder. No es ocioso pensar que en su afán de poder el conquistador haya tenido la intención de exaltar la trascendencia de sus logros y ser reconocido como benefactor heroico de Roma para luego hacerse del poder, no más y no menos que una estrategia de promoción política y culto a la personalidad.

En la posmodernidad, la historia sigue siendo un recurso fundamental de interpretación del pasado, pero, indudablemente, es también un poderoso instrumento de manipulación y construcción de realidades alternativas.

Así, la historia puede plantearse en términos absolutos, si así lo decide su redactor para destacar las virtudes de angelicales patriotas o exaltar las pasiones y la perversidad de los enemigos del pueblo, crear paladines o demonios.

En los confusos tiempos modernos, parece que la historia ya no es lo remota que solía ser, el ayer, el hoy y el porvenir se desplazan y vinculan vertiginosamente. La memoria se relativiza, se exagera o se matiza con gran velocidad. La tecnología ha influido dramáticamente en la transformación de las percepciones sobre el mundo y sus circunstancias, diluyendo la certidumbre de un pasado y un futuro cada vez más virtuales e inmediatos.

El ayer tiene la posibilidad de revivirse y retornar a nuestro espacio actual con un nuevo rostro, a favor o en contra de la realidad. Se puede enjuiciar de nuevo a los actores del pasado y emitir sentencias a conveniencia del juzgador. Es fácil hacer renacer héroes o villanos, con ágil e inmediata difusión.

La historia puede adaptarse fácilmente al antojo, modificar la verdad, crear escenarios a capricho, verdades a medias o falsedades absolutas que vuelen por el mundo instantáneamente gracias a los recursos de que disponen las sociedades actuales para comunicarse. La manipulación se extiende con gran facilidad y se viraliza artificialmente.

Los medios y el poder han tenido que adaptarse a esa realidad y fingir que son sensibles a ella, pero en la práctica, hacen uso, de manera inconsciente o deliberada, de las herramientas a su alcance para la construcción de verdades artificiales, robotizadas, no siempre con nobles propósitos.

Cierto es que en cada época se ha jugado el mismo juego desde el poder, lo que conviene se diviniza, lo que no, se trivializa, se enderezan juicios públicos, se encarniza el vituperio o se concede la indulgencia. La diferencia radica esencialmente en la abundancia de los mensajes, en el alcance y multiplicación por el ciberespacio, en el anonimato que favorece la clandestinidad y particularmente la reproducción automática.

La gran paradoja es que la sociedad actual, llamada del conocimiento, con un fenomenal acceso a informaciones, pueda ser precisamente por ello, tan fácilmente desinformada y encaminada a creer dócilmente en historias fabricadas, en villanos transmutados en héroes o en verdades históricas.

De blog a blog: Artículo publicado en El Semanario Sin Límites ElSemanario.com y reproducido en El Rincón del Chamán con autorización del autor.

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