El feminismo y sus verdaderos aliados

Por Perla Oropeza, periodista. Editora de Pequeñas Grandes Empresas

Twitter: @Perla_O

“No podemos publicar tu nota”, me dijo por teléfono el editor. “El sindicato es aliado de la izquierda y no estaría bien que los ataquemos.”

La nota era sobre el acoso sexual en una organización sindical de la burocracia federal. Había entrevistado a varias mujeres para lograrla.

Más adelante entregué una nota sobre el uso de los niños como combatientes por parte de la guerrilla sandinista y de El Salvador. La respuesta fue la misma: “son nuestros aliados”

Era el periódico oficial del más importante partido de izquierda en México, donde colaboré con diversas notas con perspectiva de género.

Yo formaba parte del equipo, liderado por Sara Lovera, que trabajaba en la creación de Cimac, agencia de noticias con enfoque feminista, y que en forma colectiva aportaba contenidos a ese y otros medios, pero cuyo trabajo principal era la Doble Jornada.

La Doble Jornada fue uno de los pocos esfuerzos feministas que pudo abrirse paso en esa época que a nadie le importaba la violencia contra las mujeres y mucho menos los temas de igualdad.

Teníamos una izquierda que exigía a las mujeres esperar al triunfo de la revolución para hacer eco de las demandas, una promesa que no les interesaba cumplir, y una derecha que, aunque solidaria con algunas demandas de mujeres, jamás iba a ceder en una de las exigencias fundamentales del feminismo: la interrupción voluntaria del embarazo, el derecho a decidir sobre la maternidad.

Así pues ¿quiénes eran y son los “aliados” del feminismo?

No los que están en el poder, no los “progre” de izquierda, no los provida.

Hasta ahora, el feminismo ha podido obtener importantes victorias a lo largo de la historia porque ha sabido elegir sus luchas y encontrar a las únicas reales aliadas que tiene: las mujeres.

Permitir etiquetas partidistas ha sido la causa de muchos fracasos.

Cuando mujeres de todos los partidos se han unido para lograr cambios, han alcanzado importantes avances, que se reflejan en mayores posibilidades laborales y educativas, así como una mayor independencia económica y legal de las mujeres.

Aún falta mucho. Las feministas más jóvenes ya no quieren que esto tome décadas y décadas. Menos en un tema como el feminicidio.

Porque en este país matan mujeres y no importa que sean de izquierda o derecha, si son ancianas o niñas, si tienen o no estudios. Todas somos víctimas de la violencia machista en diversos niveles e intensidad. En calles, oficinas, fábricas; casas, escuelas o instituciones religiosas, deportivas o artísticas.

No es asunto de neoliberalismo. La situación de las mujeres en todo el mundo es de desigualdad y la violencia machista no tiene bandera partidista.

Las feministas jóvenes quieren los cambios ya. Buscan que no nos sigan matando bajo la protección de la impunidad. Que el gobierno realmente establezca políticas públicas a favor de las mujeres.

Desafortunadamente, este gobierno ha dado muchos signos de no entender la magnitud del problema. La cancelación de las estancias infantiles, el discurso presidencial que supone que el feminicidio surgió porque las mujeres empezaron a trabajar en maquiladoras, e insinúa que si las mujeres pusieran atención a sus hijos no existirían organizaciones criminales; la cancelación de recursos para organizaciones en favor de mujeres en situación de violencia, son, todos, signo de que el conservadurismo está en Palacio Nacional.

Aunque Olga Cordero, secretaria de Gobernación, pareciera a veces una esperanza de reflexión en la esfera del poder, resulta decepcionante el discurso de la mayoría de las mujeres en el gobierno, quienes en lugar de plantear políticas públicas para resolver la crisis, se dedican a descalificar las protestas y a defender a López Obrador. Incluso la secretaria de la Función Pública, Irma Sandoval, ha proclamado a AMLO como el presidente “más feminista” que ha existido en México.

Las mujeres tienen razones para la protesta. La violencia feminicida que se registra en México no tiene precedente. Ojalá la marcha del 8 y el paro del 9 muevan conciencias y por fin el gobierno entienda que no es una marcha contra el presidente ni un paro para agredirlo, sino un movimiento que no se detiene y que ahora urge a poner un alto a la violencia contra las mujeres.

Foto de portada: El Rincón del Chamán.

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