#MediosMachos

Por Perla Oropeza, periodista, editora de Pequeñas Grandes Empresas.

Twitter: @Perla_O

La indignación por la crisis de violencia contra las mujeres que se vive en México se hizo oír con fuerza el domingo en las principales calles y plazas del país, y el lunes golpeó conciencias con su silencio, durante la jornada llamada #UnDíaSinNosotras.

Las periodistas también participamos en estas protestas, conscientes de que los medios de comunicación son corresponsables de la situación y deben tomar acciones concretas para atenderla.

La organización Periodistas Unidas Mexicanas (PUM) lanzó un pronunciamiento durante la marcha del domingo en la capital del país: “Protestamos contra los #MediosMachos que revictimizan a las mujeres, publicando fotografías de sus cuerpos rotos, en vez de poner el foco en los perpetradores de la violencia y en las autoridades omisas”.

Asimismo, contra los medios “cuyo tratamiento misógino de la información sólo nos estigmatiza y contribuye a la desigualdad de género”.

También se reclamó a las empresas periodísticas que obstaculizan el avance de las mujeres hacia puestos de mayor jerarquía y pagan menos que a los colegas hombres por trabajo con igual valor. Esos medios “dirigidos casi en total por hombres que normalizan la invisibilización y exclusión de mujeres en sus espacios de opinión”.

Reporteras, redactoras, editoras y en general trabajadoras de medios exigieron asimismo que se incorpore perspectiva de género en los trabajos periodísticos y se cuente con protocolos de prevención y atención ante casos de acoso y hostigamiento sexual.

¡Se va a caer!  ¡Se va a caer!

En la capital de la República, en vísperas de la marcha, autoridades y afines al gobierno intentaron por todos los medios desalentar la participación de las mujeres. Anunciaron cierre del Metro y Metrobús desde las 10 de la mañana, corrieron rumores de que habría violencia e incluso hubo quien se atrevió a soltar la versión de que había personas dispuestas a lanzar ácido a las participantes.

Nada les resultó. Desde el mediodía, miles y miles de mujeres se trasladaron hacia el monumento a la Revolución y sitios cercanos para sumarse a la manifestación.

En el Metro, abarrotado, las mujeres empezaban a lanzar consignas: ¡Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer! Y platicaban entre ellas aún sin conocerse.

Las más jóvenes tenían su nombre, teléfono y tipo de sangre pintados en sus brazos. El miedo a una sociedad que da impunidad a los crímenes contra las mujeres era más fuerte que el temor a disturbios durante la movilización.

“Ni una más, ni una asesinada más” y “Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en frente de la gente”, fueron las consignas más escuchadas entre las más de cien mil participantes en la marcha.  

El gobierno de la Ciudad de México estableció bloqueos para dificultar el acceso al Zócalo, con la clara intención de disminuir los contingentes, lo cual logró en parte al impedir el paso por Madero.

Los pocos episodios de violencia, que no provinieron de ningún contingente de la manifestación, sino de pequeños grupos de personas embozadas, fueron utilizados para minimizar la demostración de fuerza femenina.

¡Ni una asesinada más!

La violencia contra las mujeres ha alcanzado en México un nivel de emergencia nacional, que no ha sido suficientemente atendido por las autoridades, que en lugar de plantear políticas públicas para atender el problema, se quejan de que éste sea usado para desacreditar al presidente.

Mientras tanto, los crímenes contra las mujeres siguen en aumento, así como la impunidad y el desinterés e ineficiencia de las autoridades para castigar a los agresores.

Datos oficiales indican que se registran en México 10 asesinatos de mujeres al día. Durante el actual gobierno se han mantenido cifras récord en delitos contra las mujeres, y estos han aumentado en 18 de las 19 entidades federativas con alerta de género.

Hoy las mujeres vivimos con miedo. Con un gobierno que ha cerrado estancias infantiles y centros de atención a víctimas de violencia doméstica. Que ha reducido presupuesto dirigido a programas en favor de las mujeres. Que demuestra todos los días que no entiende la dimensión del problema.

Con un presidente que ve en las protestas de las mujeres un ataque a su persona. Un presidente que no entiende que no entiende.

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