Tec&Com2020 // Comunicación fallida: cifras y datos

Por José Alfredo Pulido Ponce, especialista en Comunicación Estratégica.

Una de las grandes herramientas activas para combatir la pandemia es la comunicación. Sin embargo, en México predomina una pérdida de credibilidad por su opacidad, en el sistema de comunicación gubernamental vigente. Este descrédito ha puesto en riesgo no sólo al modelo de salud pública, sino a todo el sistema y particularmente a la figura del presidente. Un componente de este sistema disfuncional de comunicación son los medios. Otro, los mensajes erráticos y falsos. 

Los Medios

Los medios de comunicación en México (Internet incluido) son armas de dominación masiva, cuando proponen e imponen una agenda, construyen patrones de conductas, valores y creencias a la sociedad y al comportamiento común de la gente. Deciden pues en lo que creemos, lo que somos y pensamos, lo que experimentamos.

Eso es lo que vemos hoy de manera nítida en la confrontación del gobierno con los medios, y esto es así porque la 4T no ha logrado crear un sistema mediático alternativo, propio y sigue dependiendo de los grandes conglomerados de medios (fuerzas adversas, opositoras) para la sobrevivencia de su proyecto. 

Se equivocan quienes piensan que la hegemonía dominante de los medios pasará bondadosa y gratuitamente a manos del poder político de hoy. “La hegemonía de los medios es quien decide el éxito de un proyecto gubernamental y el ahogo mental del receptor con información irrelevante, fake news y un diluvio de trivia para bloquear decisiones razonadas”. Un ejemplo verificable es el comportamiento desafiante, tolerado por el poder político, de Grupo Azteca.

Los mensajes

En su confusión, el gobierno olvida también que en una pandemia como la que padecemos, no sólo se transmiten virus, sino también mensajes. Muchos mensajes, los cuales corren vertiginosamente por los medios de comunicación e Internet generando incertidumbre, dudas, desconfianza, una gran descoordinación y polarización social.

Eso es así porque son mensajes que se difunden pero que no informan, que se distribuyen masivamente pero no comunican. No dan confianza y menos generan la seguridad que se requiere para situaciones donde debe prevalecer la solidaridad, la empatía y la cooperación humana.

Ante la incertidumbre inherente que genera una pandemia como el Covid-19 -primera vez que los humanos nos encontramos con este virus y no sabemos lo que va pasar-, las personas necesitan saber lo que deben y no deben hacer. Esto se logrará solo y si se mantiene una comunicación consistente, clara y creíble.

Nueva comunicación

La comunicación debe ser consistente. Que no haya contradicciones y disonancias entre los actores principales, responsables de la comunicación sustantiva, entre los políticos y los técnicos. O que los técnicos de pronto quieran actuar como políticos. Que no surjan, ni se propagan mensajes contradictorios –no hay problema de abrazarse, besarse, salir a la calle, fuerza moral y no de contacto– mientras las autoridades sanitarias hacen reiterados llamados a la sana distancia y quedarse en casa. Esta falta de consistencia y contradicciones confunden a la gente.   

La comunicación que genera la autoridad pública debe ser clara. Que la información que se transmite a los ciudadanos sea veraz, oportuna y confiable para así contribuir a su más fácil comprensión y asimilación. Los datos y gráficos que se presentan diariamente llegan a confundir por excesos de información y poca claridad en su presentación. Ha sido el caso por los mecanismos de protección personal (cubrebocas), el número de fallecidos, sus estimaciones cuantitativas y cualitativas, el abasto de equipamiento y las medidas de seguridad y protección para los cuerpos médicos. Los calendarios de las fases, la duración de estas y su coordinación con los gobiernos estatales, tanto en la operación como en la información estadística de casos.

La comunicación debe ser creíble. Se mina la credibilidad cuando la principal autoridad viola o desatiende las medidas de protección social, cuando acusa reiteradamente a los “conservadores” por sus errores, cuando ubica “periodistas” o blogers para que formulen preguntas a modo, cuando se recortan presupuestos, programas y personal de salud y se justifica la debilidad actual, la violencia contra los doctores y enfermeras y el bloqueo de hospitales, por decisiones del pasado.  

Se mina la credibilidad cuando se reconoce que hay subregistros o registros erróneos, desorden pues, en las bases de datos que soportan el sistema de información pública, desde el cual se emiten cifras sin reconocer que se están haciendo pocas pruebas profundas de los casos.

Al inicio de la tercera fase de la pandemia, es urgente que el gobierno recobre la comunicación. Que haya una comunicación, clara, consistente y que sea creíble. Sin contradicciones entre políticos y expertos. Creíble, transparente, con cifras y datos que la población pueda entender y creer. Si esto no sucede, seguiremos experimentando episodios de violencia, desconfianza e incertidumbre que en nada ayudan a la sociedad a transitar de mejor manera por esta crisis.

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