Tec&Com2020 // Información: energía de cambio

Por José Alfredo Pulido Ponce, especialista en Comunicación Estratégica @japponce

“La información es la pequeña energía que conduce o gobierna a la gran energía que es el trabajo humano” (Serrano, 2019)

La información y la transparencia son clave para mantener la paz y estabilidad social sostenida en México. La información es uno de los recursos primordiales y el bien público más consumido hoy en la sociedad. Para los políticos la información es poder, para los doctores es salud y para todos es bienestar y felicidad, al virtualizar las relaciones personales como las actividades de la vida cotidiana.

Sin embargo, el exceso de información que padecemos hoy genera un ruido que cansa, que atrofia y nubla nuestros sentidos, ya que más información no ayuda ni esclarece el mundo por sí sola. Es poco probable que proporcionar más información a la sociedad mejore las cosas. A pesar de ello, el debate está abierto.    

Uno de los grandes problemas que padecemos, además del coronavirus, la crisis económica y la inseguridad, es la ausencia de información suficiente, transparente, verificable y oficial sobre estos y otros temas.

La inconsistencia de la información gubernamental sobre el impacto del Covid en México es cada vez más recurrente y peligrosa, y provoca   incertidumbre a la social. Una incertidumbre que permanecerá como un estigma de un gobierno que ha sido calificado como inepto, indolente, mentiroso y poco ético.

Infosalud

Aunque podría asegurarse que se está ocultando información desde una perspectiva política, que se administra para mantener aceptable el nivel de imagen gubernamental, hay quienes piensan que lo más probable es que sea tan débil, pobre y primitivo el sistema de información en salud del gobierno que no alcanza para recabar y procesar datos precisos y actualizados sobre la pandemia.

Expertos han señalado que la debilidad del modelo queda en evidencia al revisar indicadores utilizados en otros países y que en México no han sido adoptados con eficacia y eficiencia. Dos de ellos: 1) el número total de hospitalizaciones por enfermedades respiratorias y 2) las actas de defunción desglosadas por periodo y zona sanitaria.

El gobierno y su vocero @HLGatell han reconocido las debilidades del sistema para documentar muertes, utilizado desde la década de los 90s: “El sistema es tan primitivo que a veces pasa un año para tener la información…no es un sistema en tiempo real donde los certificados de defunción se puedan automatizar y convertir en registros electrónicos. La información de los ingresos hospitalarios tiene grandes limitaciones y su información tampoco está en tiempo real”. 

De ahí que lo más factible es que el gobierno no esté ocultando información. El hecho es que no la tiene por falta de infraestructura, tecnología y personal capacitado para producir los datos e informes que se requieren para comprender en toda su dimensión los efectos de la pandemia. No es un problema menor, dado que visibiliza, exalta, la falta de capacidad técnica y la incompetencia del gobierno amloista.

Infoderecho

La Unesco esta mandatada a “facilitar la libre circulación de las ideas por medio de la palabra y la imagen”. La Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la información ha reafirmado la libertad de expresión y el acceso universal a la información como piedras angulares de las sociedades del conocimiento integradoras. Ambos principios nos comprometen como sociedad.

Frente a las debilidades y disfunciones del sistema de comunicación del gobierno, el derecho humano al acceso a la información debe protegerse de manera particular. Rechazar toda restricción y procurar que las excepciones se ajusten a la norma, comprendiendo el valor de la información oficial como garante de la credibilidad entre los gobiernos y sociedad.

En este momento excepcional que atraviesa el mundo, el sistema de comunicación social es un aliado. El antídoto para mitigar la circulación de noticias falsas es la información transparente, abierta y oficial. El gobierno debe evitar roces estériles con los medios de comunicación y trabajar en conjunto en una tarea que no puede eludir: que circule información fidedigna.

La información es un bien público y un poder. La desigualdad en su posesión se convierte en desigualdad entre las personas y limita su calidad de vida. Por ello, el Estado debe asumir la obligación de garantizar que la información llegue a todos de manera puntual, precisa y suficiente y que sea útil para mejorar la toma de decisiones y fomentar la solidaridad y cooperación social. Información como emergía de cambio.

Foto: Quadratín.

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