Segundo tiempo. Hacia la consolidación

Por Gerardo René Herrera Huizar, catedrático, consultor, especialista en seguridad nacional.

El segundo tiempo será más breve que el primero, de hecho, se recortará un año al menos, dada la naturaleza de los tiempos políticos.

Cuesta arriba o cuesta abajo, según se le quiera ver, ha iniciado el segundo tiempo del sexenio que pretende transformar de raíz, en una cuarta edición de la historia patria, la vida pública de México, para acabar de una vez por todas y de manera irreversible con los grandes vicios y pasiones que degradaron el prestigio y la calidad del servicio público durante las últimas décadas, en el tan socorridamente vapuleado periodo neoliberal.

Como suele suceder con las alternancias conducidas por los radicalismos transformadores, la primera etapa de la estrategia del cambio consistió en la apropiación de espacios en el aparato administrativo, al alimón con la ocupación de la mayoría en el Poder Legislativo, lo que permitió al jefe del Ejecutivo empujar, literalmente hablando, iniciativas y reformas para sentar las bases del cambio, aunque muchas de ellas aún se encuentren en litigio.

El último Informe presentado por el primer mandatario, por mandato constitucional, para dar cuenta de la situación que guarda la administración pública federal, pletórico de elogios y de logros en lo político, lo económico y en lo social, nos traslada a un estadio casi idílico en donde todo marcha viento en popa y que debería llenarnos de optimismo sobre el porvenir, si no fuera porque la maliciosa y terca realidad, como siempre, se entromete.

Si bien lo entendemos, de acuerdo a la experiencia, el segundo tiempo será más breve que el primero, de hecho, se recortará un año al menos, dada la naturaleza de los tiempos políticos, a pesar de que pudiera vislumbrarse una tersa transición en virtud de las ‘fichas’ que ya se identifican en el tablero sucesorio y, por lo tanto, también se acortarán los tiempos para la consolidación de la anhelada transformación.

Varios factores, sin embargo, hacen prever que no todo será miel sobre hojuelas, los cambios en el gabinete resultan indicativos de que las cosas no marchan tan bien al interior del movimiento por acaramelados que sean los reconocimientos de despedida y han obligado al ajuste de los cuadros para lo que viene adelante.

La oposición, por su parte, va dando muestras de mayor actividad, de la que careció prácticamente durante el primer periodo y su operación en bloque anuncia un posicionamiento que condicionará, al menos, las reformas prioritarias que ha presentado el gobierno.

A ello deben sumarse, sin que parezca ‘aspiracionismo’, las naturales pretensiones de algunos de los principales jugadores dentro del propio partido en el poder que, aunque adopten posturas de institucionalidad como antaño, bien se sabe que llegado el momento de las decisiones cada quien mostrará sus cartas y tirará sus redes. Muy lejos está Morena de poder presumir de una cohesión y disciplina partidista de la que gozó durante largo tiempo el más rancio instituto político surgido de la ‘tercera transformación’ y, justo es mencionarlo, innegable progenitor del actual movimiento regenerador.

El logro del gran objetivo de transformación, con su bandera fundamental, el abatimiento de la corrupción, se percibe aún expuesto a un largo y tortuoso camino, por más que se postule, con optimismo y enjundia, lo contrario.

La administración pública, que debiera ser motor indiscutible, con su accionar eficiente y eficaz en los diversos rubros del quehacer gubernamental, no da muestras fehacientes de madurez, experiencia o capacidad técnica. El haber prescindido, en el afán de apropiación, de miles de servidores públicos profesionales, muchos de ellos en áreas por demás sensibles, ha generado vacíos y curvas de aprendizaje pronunciadas que difícilmente podrán satisfacer las necesidades en lo que resta del sexenio.

La consolidación quizá pueda darse en el movimiento como grupo en el poder, pero en las profundidades de la vida pública se percibe difícil.

Publicado en El Rincón del Chamán con autorización del autor.

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