Dicen sapo y brinca

Un abrazo solidario para Víctor Chávez

Las señales cruzadas no dejan de parpadear en las oficina de Los Pinos.
Y a la mitad del sexenio es precisamente cuando se espera un gesto de madurez del estadista y no intentar cambiar de caballo a mitad del río.

Guillermo Ortiz y Agustín Carstens

Guillermo Ortiz y Agustín Carstens

Vaya usted a saber si es cierto, pero las versiones de que Agustín Carstens será propuesto como gobernador del Banco de México, en sustitución de Guillermo Ortiz, suena a pago de una factura de lealtad más que de eficiencia.
Eso no es lo peor, porque además se baraja entre los filtradores de rumores que Ernesto Cordero dejaría la Secretaría de Desarrollo Social para convertirse en secretario de Hacienda, lo cual suena harto ilógico, pero posible, porque como dijo Bety Zavala, los seis millones de nuevos pobres tienen la marca Cordero.
Y si ocurrieran las cosas como uno se las imagina, entonces la estafeta de la Sedesol podría pasársele al gobernador de Chiapas, Juan Sabines, siempre y cuando se pretenda atender los problemas de pobreza y marginación del país eficientemente. Y si se le quiere dar el peso electoral, pues entonces se pensaría en Rogelio Carbajal.
El Senado está a punto de cerrar el periodo ordinario y el number one anda como Don Sebas y ha permitido todo tipo de especulaciones.
Sería una pésima señal para todos que propusiera a Carstens, sólo porque hace le que le dice el number one aunque se haya equivocado más de una vez.
Algo supo Carstens y por eso se lanzó a decir que si le dicen sapo, brinca.
Lo mejor sería que Guillermo Ortiz permaneciera, ya sabemos que nunca le diría no a México.
El caso es que los cables se cruzan y sacan chispas.
Algo pasó también, pues apenas se movió Alonso Lujambio y alguien le pidió que aclarara que no se destapó para la presidencial de 2012. Como si hubiera muchos.
En la lógica de doña Beatriz Zavala, ya se sabe qué hará Cordero en Hacienda, lo mismo que en Sedesol, generar pobres.
Eso da pie a pensar que Javier Lozano espera un premio como el rudo del equipo. ¿O no?

Las cifras negras
El tercer año del actual gobierno tiene como particularidad que la mayoría de los indicadores que evalúan su desempeño están por la calle de la amargura.
Baste echarle un ojo a una de las encuestadoras más serias de este país, GEA-ISA, que en los resultados de sus sondeos de noviembre de este año, comparados con los del arranque del sexenio, muestran que se ha perdido la confianza y el reconocimiento al number one.
Por ejemplo, las encuestas de GEA-ISA en marzo de 2007 muestran que el 53 por ciento de los encuestados aprobaban al gabinete y 32 por ciento no. En noviembre de 2009 los que aprueban el gabinete se redujeron al 38 por ciento y los que lo desaprueban aumentaron al 54 por ciento.
Otros indicadores dramáticos. La opinión favorable sobre el combate a la pobreza pasó de 42 a 27 por ciento en tres años; la creación de empleos de 34 a 21 por ciento y la percepción sobre seguridad del 55 al 39 por ciento.
Eso no quedó ahí. Los encuestados también cambiaron sus percepciones sobre la capacidad de gobernar del number one, que pasó del 46 al 18 por ciento en tres años.

Los guiños de Geño

El mal tiempo le jugó una mala pasada a Eugenio Hernández Flores. Muchos de sus invitados estrella no pudieron acompañarlo en el acto que organizó para festejar su Quinto Informe de Gobierno.
Hacía un frío endemoniado –es un decir, porque que se sepa, no hace frío en el infierno–, pero Enrique Peña Nieto de plano canceló, y eso que también le iban a regalar una “cuera”, que le hará falta porque la que tiene en casa dicen que se le va.
Dicen que tampoco llegaron Fernando Gómez Mont ni el avión de Beatriz Paredes Rangel ni el de Manlio Fabio Beltrones. Y la yucateca Ivonne Ortega, ajonjolí de todos los moles, tampoco…
Llegó tarde el neoleonés Rodrigo Medina, pero llegó.
Eso sí, lograron apersonarse Fernando Toranzo, lo mismo que Andrés Granier, quien aguantó el gélido clima. Humberto Moreira se la pasó bailando. Por ahí estuvo José Sulaimán, dicen que para dar un curso de rounds de sombra.
Por ahí anduvo Manuel Cavazos, dicen que sin pirámide bajo el sombrero, un calladito Tomás Yarrington y Enrique Cárdenas. Quien le hizo la tarde al Geño fue José Reyes Baeza, quien ve al tamaulipeco “con mucho futuro”. ¿Es destape?, le preguntaron, y se alejó silbando. ¿Fue de frío?

Lavaderus est
** Columnómetro del licenciado Aquiles Baeza.
1) Queremos hablar. Las voces de la influenza, es el tercer libro de Rogelio Cárdenas Estandía, que muestra con toda su crudeza el drama que vive el país y millones de mexicanos frente a la pandemia del nuevo siglo, la influenza humana. Y en ese recorrido por hospitales para buscar el testimonio de quienes padecieron los rezagos de nuestro sistema de salud, también describe la discriminación hacia los pacientes, el miedo a las calamidades desconocidas de nuestro tiempo y la respuesta tardía del sistema de salud gubernamental, que todo lo quiere resolver con discursos. Se trata de una edición independiente, porque las editoriales establecidas no aceptaron donar las ventas de este libro que se entregarán al área de investigación de la UNAM. El prólogo es del gran escritor portugués José Saramago, y una recomendación del poeta mexicano, pero de talla universal, José Emilio Pacheco, quien recibirá el Premio Cervantes. El libro sólo está disponible en Sanborns.
2) Los nuevos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Luis María Aguilar Morales y Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, serán recibidos la semana entrante por el pleno de la propia Corte, pero entrarán en funciones hasta el 5 de enero de 2010. Los ministros se preparan para el receso de fin de año, luego del Informe de la Segunda Sala con Fernando Franco y la ceremonia anual de Guillermo Ortiz Mayagoitia que se realizará el martes 15 de diciembre.
3) Una propuesta alternativa es que sólo le aumenten 50 centavos al pasaje del Metro. Si se puede.
4) Un abrazo para el consejero Francisco Javier Guerrero.

** Tarjetazos de la politóloga Melita Peláez:
-Qué alivio. Siete de cada diez ciudadanos confían en el IFE, dice una encuesta del CIDE.
Ojalá sus detractores le bajen de volumen.

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