La afrenta

Manuel Ávalos, analista político, para El Rincón del Chamán.

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En la víspera de la elección presidencial de los Estados Unidos de América señalábamos en este espacio que, como nunca en la historia política mexicana, el proceso de sucesión presidencial del 2018, estaría definido por un entorno internacional sumamente complejo y con la intervención de factores internos inéditos como son la delincuencia, los problemas migratorios, una economía que no despega y un sistema político necesitado de una profunda reforma que ofrezca mayores garantías para la gobernabilidad democrática y la estabilidad política y social.

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Asimismo, advertíamos que la presencia en territorio mexicano del entonces candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, en plena campaña electoral había metido al gobierno mexicano en una crisis que podría convertirse en una pesadilla, en la cual los protagonistas centrales volvieron a aparecer en escena apenas en el cuarto día del nuevo año, la canciller Claudia Ruiz Massieu y Luis Videgaray, el defenestrado secretario de Hacienda linchado públicamente por ser haber sido el operador de la visita del actual Presidente electo de EU, hoy reivindicado por el propio Peña Nieto como nuevo canciller en lugar de la sobrina del ex presidente Carlos Salinas.

Para los hombres cercanos a la élite del poder en México la reincorporación de Luis Videgaray al gabinete como canciller fue una “afrenta” que podría generar una crisis generalizada en el país en pocas semanas, pues el movimiento en el gabinete presidencial parece ser una señal de rompimiento del Presidente de la República con uno de los grupos políticos más poderosos en México.

Este episodio se da en medio de un escenario de protesta pública in crecendo por los aumentos de las gasolinas, que para algunos observadores independientes está siendo aprovechada por algunos de los oportunistas “pescadores de aguas turbulentas”.

No obstante, la grilla de algunos miembros del gabinete, de las facciones del PRI para golpear a sus adversarios y promover a sus aspirantes y de los opositores que no pierden oportunidad de encarecer sus votos y crecer su patrimonio familiar, seguirán siendo las reglas del juego de un sistema político que no parece cambiar mucho de sus patrones anteriores y que ya forma parte de de un mandamiento de nuestro sistema autoritario y de la cultura picarezca nacional: “se vale de todo pero nunca hundir el barco”.

Foto: Quadratín (Cortesía)

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