El Leviatán: Nuestro orgullo nepotista

Por Manuel Ávalos, analista político.

Contacto: malvaxxi@gmail.com

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Investigaciones de dos politólogos norteamericanos Roderic Ai Camp y Peter H. Smith en sus compilaciones del reclutamiento y educación de las élites políticas en México, señalan que desde 1935 cerca del 25 por ciento de los políticos mexicanos en algún puesto público han tenido parientes consaguíneos o fueron adquiridos a través de alianzas matrimoniales.

De dichas relaciones de parentesco, el 60 por ciento eran intergeneracionales, ya que el padrón constantes ha sido de padre a hijo (hombres), por cierto una costumbre monárquica, que representaba en el México posrevolucionario el 40 por ciento del total. El resto involucraban a miembros de la misma generación, el más frecuento el de hermano a hermano.

Estas cifras recopiladas por los mexicanólogos norteamericanos revelan las preminencia de las relaciones familiares que constituyen una base automática para la formación de las alianzas entre las élites y la creación de lealtades en nuestro país. Pero a la vez reflejan que la gran mayoría de la vieja clase política no necesariamente ha basado sus relaciones con otros miembros de los clanes, pero que han ampliado sus relaciones de poder a través de una “noble institución de la cultura política nacional llamada el compadrazgo”.

Siguiendo esta línea de investigación de la cultura política nacional, uno de los recursos utilizados por los clanes de la clase política mexicana demuestra que el nepotismo es indirecto y los parientes quedan colocados en dependencias de la administración pública distintas de donde actúa el colocador.

Sin duda, las alianzas matrimoniales tienen un efecto directo en las carreras políticas, por ello el matrimonio con la hija de un prominente funcionario puede significar el ingreso inmediato al clan o facción política y con ello al capital político del suegro. Sin embargo, no resulta ocioso advertir de los riesgos que implica y lo contraproducente que puede resultar si el jefe de la camarilla cae en desgracia.

De ahí que desde el México posrevolucionario la rancia clase política mexicana ha heredado reglas básicas a sus “cachorros” de las nuevas generaciones que, aunque son formados generalmente en escuelas privadas y extranjeras y que poco saben o no les interesa mucho el destino de la nación, siguen gozando de los privilegios de una clase política enquistada y organizada en camarillas, algunas de ellas auténticas pandillas, que reproducen una cultura política abiertamente antidemocrática.

No sobra decir, que esta tradición política nacional está por encima de organizaciones, membretes o franquicias partidistas que existen en nuestro sistema político y que algunos periodistas han recordado en estos días a propósito del inicio de las campañas electorales para elegir gobernadores estatales en Nayarit, Coahuila y el estado de México.

En éste último caso, cobra mayor relevancia por su importancia económica y política, ser la entidad natal del actual Presidente de la República, pero sobre todo, quizá por lo que significa para la cultura nacional, que dicha entidad es ya el icono del nepotismo de la historia política nacional.

En su blog el periodista Jesús Sánchez hace sus aportaciones de la tradición del orgullo nepotista en nuestro país y lo que representa el peso del apellido en las candidaturas para los diferentes puestos de representación popular. Por supuesto la lista la encabeza Alfredo del Mazo Maza, hijo del ex gobernador Alfredo del Mazo González y sobrino de EPN, “que se juega la permanencia de la dinastía del chorizo power”, apunta el editorialista.

En el caso de partidos como Morena, cita las diferencias entre Martí Batres y Andrés López Beltrán, “quien se desempeña ya como el poder partidista detrás del trono de Morena”.

En Tabasco, Jesús Sánchez señala que el alicaído PRD le ha quedado a deber a Arturo Núñez, pero nosotros decimos que quizá no en el caso de Morena, ya que su cachorro Néstor Núñez, diputado local en la CDMX , piensa que por el hecho de estar bajo el manto protector del candidato presidencial (AMLO) heredará la candidatura de la próxima alcaldía de Cuauhtémoc que gobierna Ricardo Monreal, de gran importancia política para la administración del gobierno de la Ciudad de México.

En Guanajuato, Puebla, Jalisco, Morelos y la CDMX no se ve la relación familiar directa entre los tiradores pero si la mano de los padrinos. Por ejemplo en Guanajuato no hay que descartar que la puja interna panista para la sucesión será entre Miguel Márquez Márquez, pero también meterán la mano Juan Manuel Oliva y Carlos Romero Hicks.

Pero también en Chiapas está en la competencia Zoé Robledo Aburto (por Morena), hijo del ex gobernador Eduardo Robledo Rincón. En Tabasco aunque los apellidos Mayans, Neme, Cantón, Canabal y López, andan en el mundillo de la política tabasqueña, los tiradores ya se están definiendo. De entrada, sigue apuntada Georgina Trujillo, hija del ex gobernador Mario Trujillo García (1971-1976) quien sustituyó a Agapito Domínguez Canabal quien falleció durante la campaña.

Federico Madrazo Rojas, mejor conocido como Pico, quien es el actual dirigente del PVEM y líder del Congreso, pero sobre todo es hijo del ex gobernador Roberto Madrazo Pintado quien podría participar en la competencia de 2018, pero lo haría por el Partido Verde -que ya desplazó al Partido Acción Nacional- y que se perfila como fuerte opción en el edén tabasqueño”, apunta el editorialista.

Finalmente, en el caso del panismo, un partido formado por un grupo de familias, la tradición nepotista no puede ser más evidente en la actual coyuntura electoral. La tentación y pretensión de sus dos ex presidentes de la República de ungir a sus respectivas ex primeras damas como candidatas a la silla presidencial es un factor que ha gravitado fuertemente en el fracaso de sus respectivas camarillas y finalmente en su derrota política.

Foto: El Rincón del Chamán (Recinto de la Cámara de Diputados en Palacio Nacional).

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