Tec&Com: Fake News, pos verdad, manipulación mediática.

Por José A. Ponce, especialista en comunicación estratégica.

Correo de contacto: j.a.pp@hotmail.com

Twitter: @japponce

En México crece el impacto de las noticias falsas y no se ve por dónde y cuándo pueda detenerse este fenómeno de la comunicación social del siglo XXI. Al contrario, aumenta el volumen y su impacto progresivamente, generando confusión e incomprensión entre las sociedades.

Aquí, como en otras partes del mundo, las grandes empresas tecnológicas –Facebook, Twitter y Google– han servido a la sociedad   pero también a los gobiernos y la industria, como plataforma para la divulgación de noticias falsas, malintencionadas, que generan desinformación.

En 2018 «desinformación» fue elegida por Dictionary.com la palabra del año. En 2017, Collins escogió «fake news» y en 2016 el Diccionario Oxford seleccionó «post-verdad», lo cual centra la relevancia del nuevo concepto.

Desde esta perspectiva, el abanico conceptual en torno a las fake news se presenta como una herramienta para definir todo aquello que el «Otro» hace contra «Nosotros» y que contorsiona nuestra noción cultural, social y jurídica de verdad (Magallón, 2018a).

Las noticias falsas (fake news) son un fenómeno que ha cobrado relevancia internacional en los últimos años. De acuerdo a la Comisión Europea, la desinformación o noticias falsas consiste en información verificable, falsa o engañosa, que se crea, presenta y divulga para obtener beneficios económicos o para engañar intencionalmente al público y que puede causar daño a este último.

Un informe de verificado.mx establece ciertas características que definen a las publicaciones de noticias falsas: no citan fuentes, están construidas en plataformas de blogs con una misma estructura, no tienen una sección de contacto o de información sobre quien dirige el portal, utilizan mayúsculas y símbolos de exclamación en los títulos, así como adjetivos calificativos y a menudo no llevan la firma de su autor (López, 2018).

Hasta el momento no ha habido instrumento que permita alguna clase de regulación y control por parte de las empresas públicas y privadas que  Aunque sentencias de la suprema corte han establecido jurisprudencia, es escasa la oportunidad de aplicación ante dinámica tan vertiginosa y la lentitud y saturación de los tribunales judiciales.

Hoy en día, existe un creciente debate sobre cómo abordar estos fenómenos sin censura y sin socavar beneficios de los medios digitales como la libertad de expresión.

Lo que prevalece es el caos y un aumento notorio de la desconfianza. Los desarrolladores no han sabido responder a tiempo ante la presión de anunciantes por demandas judiciales de rectificación y derecho al olvido y la industria de medios sólo ha activado instrumentos de medición, pero limitados de contención y menos de anulación de las noticias falsas.

Este hecho, además de darle un gran poder, dificulta por la escasa regulación y educación digital el que puedan establecerse mecanismos de control y autocontrol. Mas bien prevalece la confusión, la escasa creatividad y poco pluralismo.

Las Fake News, noticias falsas, la posverdad o los discursos alternativos, o como se les quiera llamar, se muestran en internet como un fenómeno nuevo, un espacio de resistencia y de conflicto al interior de la sociedad. Son el reflejo de ese nuevo rol social de producir y distribuir materiales informativos.

Un estudio a 37 países realizado por el Reuters Instituto le dio a México el segundo lugar en exposición de noticias falsas –Fake News-, sólo por debajo de Turquía.

Con una penetración de internet del 65% ante los casi 130 millones de habitantes, sólo uno de cada 2 mexicanos confía en las noticias que ve en la red.

De acuerdo con el reporte generado por Reuters, que estudia como el consumidor está utilizando las noticias digitales, las noticias falsas y de baja calidad están en el centro de atención de los medios de comunicación.

En medio de la confusión, hay un aumento en la demanda de plataforma y regulación de contenido. La confianza en los medios sociales está descendiendo para la búsqueda de noticias. Muchos se están mudando a entornos más seguros y privados donde pueden hablar con amigos reales.

En un reciente estudio de BuzzFeed e Ipsos Public Affairs más de la mitad de los encuestados  (54%) afirmó creer “sólo un poco” o “nada en absoluto en las noticias que lee en Facebook”. Además, la gente cree que esa red social no está haciendo casi nada para frenar las noticias falsas en su plataforma, que luego se hacen virales.

El poder político ha hecho intentos para combatir las noticias falsas y la manipulación mediática, que espera provean de nuevas herramientas para comprender los flujos, la circulación, el intercambio de información en la sociedad.

El supuesto del que parten lo impulsores de la medida es “defender la verdad” o en su caso poner en duda la legitimidad de los discursos alternativos o la llamada posverdad.

Lo que está en duda es si con estas estrategias, de por si aisladas y más bien declarativas, lograrán ayudar a contener la banalidad, la estereotipia, la redundancia que prevalece en el sistema de comunicación social.  

Más allá del aspecto punitivo e inquisitorial de algunas acciones, lo que se requiere son nuevas regulaciones, mediadores que eduquen y socialicen y una mayor responsabilidad de quienes comunican.

Aunque algunos especialistas han propuesto herramientas para administrar el tema, las expectativas de solución siguen siendo escasas.   

Por ejemplo, el Parlamento Británico estableció una comisión de investigación a principios de 2017 para luchar contra la difusión de las noticias e información falsas y reconoció que su “marco jurídico actual no está adaptado para evaluar el fenómeno de las Fake News”. Incluso planea un impuesto a las compañías de Internet con el objetivo de obligarlas a reforzar sus políticas de responsabilidad informativa. 

En algunos países se ha puesto en práctica el Fact checking o verificación, que se refiere a la labor de confirmar y comprobar hechos y datos que se usan en los discursos (sobre todo los políticos) y en los medios de comunicación y otras publicaciones. El propósito es detectar errores, imprecisiones y mentiras.

También podría contribuir, según la Unesco, el empoderamiento de las personas a través de la alfabetización mediática e informacional (MIL) dado que es uno de los requisitos más importantes para fomentar el acceso equitativo a la información y al conocimiento y para promover medios de comunicación y sistemas de información libres, independientes y pluralistas.

“La alfabetización mediática implica facultar a los ciudadanos a comprender las funciones de los medios de comunicación y de información, a evaluar críticamente los contenidos y a tomar decisiones fundadas como usuarios y productores de información y contenido mediático”.  (Unesco.org, 2019)

Otras recomendaciones de distintos actores que también podrían ser efectivas se centran en: abordar las Fake News desde una perspectiva multidimensional, fortalecer la transparencia de las noticias en línea, producir herramientas para desarrollar habilidades para entender, evaluar y analizar los medios y así empoderar al ciudadano y periodistas.

Es responsabilidad de todos luchar contra la creciente tolerancia al engaño y la mentira. Esperemos que esto suceda para que prevalezca el sentido humanista de la comunicación y sirva para formar en la solidaridad, el pluralismo y para la creatividad, comprender y entendernos mejor.

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