Tec&Com2020 // Discurso de odio desde el poder

Por José Alfredo Pulido Ponce, especialista en Comunicación Estratégica @japponce

En México, como en gran parte del mundo, la propagación del discurso de odio se ha acentuado, hasta ubicarse como una herramienta común para discriminar, excluir, agredir, insultar al “otro”. Al diferente y raro, al adversario, al opuesto, al enemigo, a determinados sectores de la sociedad no afines.

Lo grave es que se acepta, tolera y se estimula desde el poder. Se permite, sin censura, en internet y medios sociales -espacio virtual donde se concentra y fomenta la mayoría de esta clase de conductas, mensajes, palabras o acciones- en una espiral sin fin y sin control.

Expertos de la ONU reciben cada vez más reportes sobre discursos de odio e incitación a la discriminación, la hostilidad y la violencia en el mundo. El discurso de odio, tanto en línea como fuera de ésta, ha exacerbado las tensiones sociales y raciales, incitando a agresiones con consecuencia mortales en todo el mundo. El odio amenaza los valores democráticos, la estabilidad social y la paz.

El Consejo de Europa explica el discurso de odio como una forma de expresión que propaga, incita, promueve o justifica el odio racial, la xenofobia y cualquier otra forma de odio fundado en la intolerancia como el nacionalismo agresivo y etnocentrismo, la discriminación y la hostilidad contra minorías e inmigración.

Internet y los medios sociales deberán de ayudar a combatir en lugar de estimular, la desigualdad y la no discriminación en la red. Tomar medidas para minimizar y erradicar el discurso de odio, dejar de ser potenciadores y reproductores de conductas negativas de la sociedad, fomentadas desde el poder. 

Odio y poder

El principal instigador del discurso de odio en internet y medios sociales es AMLO -un discurso que polariza en “conservadores y liberares” “malos y buenos”, corruptos y honestos”- quien hoy padece junto con su familia las consecuencias de aquello que crea y atiza: la discriminación y xenofobia. Experimenta el huevo de la serpiente, las consecuencias y efecto de sus actos. Quién ha calificado de “benditas” a las redes sociales cuando le beneficiaron, hoy las padece y condena porque le son adversas.

La generación y propagación del discurso de odio y división en las redes sociales es de origen presidencial y de sus seguidores. Son quienes, desde el poder, polarizan a la sociedad poniendo en la balanza problemas que van desde el nacionalismo agresivo, ciberbullying, clasismo, intolerancia, homofobia, sexismo, xenofobia y odio, hasta miedo a la libertad de los otros. NI que decir del efecto polarizante de las informaciones no verdaderas que dispersa todos los días.  

Lo sentimos todo el tiempo. En las redes sociales se viralizan tendencias discriminatorias que provienen, esas sí, de los “sótanos del poder”. Hace ocho años, Conapred publicó los resultados del ejercicio Tweetbalas con las palabras que hieren a México y los hashtags con más menciones. Destacan palabras como #indio, #puto, #naco, #zorra, #eresputo, a las cuales podrían agregarse ahora #conservador, #neoliberal, #corrupción, #fifi, #prensafifi, #prensacorrupta, #catrines, #mafiadelpoder, #mecansoganso, #abrazosnobalazos, #ternuritas, #ComandanteBorolas, entre otras “genialidades” del presidente y de sus seguidores.

Conciencia y prejuicio

El uso de internet permite colocar en la escena pública el mensaje y el ejercicio de gobierno. Su horizontalidad genera condiciones de igualdad de los usuarios frente al poder, que reclaman o demandan mejores servicios o denuncian malas prácticas institucionales o de personas poderosas.

Sin desvirtuar el papel de internet como importante práctica democrática en el ejercicio de la libertad de expresión, es necesario que el presidente López Obrador, las instituciones públicas, las empresas tecnológicas y la sociedad civil organizada, sean conscientes de la gravedad del estigma, del prejuicio, de la discriminación y de la incitación a la violencia que genera el discurso de odio desde el poder.

Es función sustantiva del Estado promover y adoptar políticas de tolerancia, de diálogo y acuerdo, garantizar los derechos de igualdad, la no discriminación y la libertad de expresión, así como el derecho a una vida libre de violencia, a través de la promoción de la tolerancia, la diversidad y la defensa del pluralismo de la sociedad. Ni la pandemia, ni la crisis económica y de seguridad, ni nada, podríamos derrotar con una sociedad dividida.

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Imagen de portada: SDPnoticias.

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