México: ¿proyecto de nación o idea mutante?

Por Gerardo René Herrera Huizar, consultor especialista en política y seguridad nacional.

“A la memoria del General
Luis Vicente Domínguez Ramírez:
Gran amigo y mexicano ejemplar”

Tuvo lugar en días pasados el inédito y democrático ejercicio que durante semanas convocó a la ciudadanía a expresar su aceptación o rechazo a la continuidad o al abandono del poder presidencial prematuramente. No queda claro aún, a ciencia cierta, si haya sido esquizofrenia política o ensayo calculado.

Apenas el domingo de resurrección se llevó a cabo la discusión de la reforma energética en la cámara baja del congreso y tras enardecido debate esta fue desechada, marcando un triunfo para la, hasta entonces, deslucida oposición.

Todo se puso en juego: la retórica dualista (y duelista) entre lo bueno y lo malo; el pasado perverso y corrupto frente al patriótico devenir largamente anhelado, prometedor y exultante, el paraíso.

A decir verdad, no existieron sorpresas en ninguno de los dos eventos. Los pronósticos, expertos o no, se materializaron tal cual fueron expresados: Poca afluencia; prácticas tradicionales; zancadillas; reivindicación; triunfalismo; señalamientos mutuos, confrontación abierta y un escenario recurrente de incertidumbre.

Tras los ejercicios mencionados, desvalorados por unos y exaltados como históricos por otros, más allá de los resultados de los procesos, la pregunta que queda a todo esto es, después de ello ¿A dónde vamos?

Cada naciente periodo gubernamental inicia con la promesa de una vida nueva, de la cancelación de los males del pasado, del inicio de un nuevo camino hacia el progreso y la felicidad, planteando escenarios idílicos, recurriendo, invariablemente, al señalamiento de las falencias de lo previo, innegables y evidentes, para culminar, en cada periodo, reconociendo lo no logrado, por la fatalidad, la circunstancia o la oposición de malvadas artes que impidieron alcanzar los nobles propósitos planteados desde la campaña.

Tal pareciera que el destino manifiesto de esta nación es el fracaso o la mediocridad recurrente. En cada administración se señalan como culpables de ello a los intereses aviesos y funestos que se oponen de manera perversa al avance y al desarrollo que, a lo más, se produce a tirones y empujones, casi siempre con magros resultados en el ocaso de cada periodo, por más que hayan sido encomiables las intenciones y por más arduos los esfuerzos.

Y, ante ello, resurge la innovación, la idea brillante y el planteamiento infalible. El diagnóstico, generalmente lapidario, con argumentos las más de las veces incuestionables, colocan en la picota las calamidades vividas por incapacidad, negligencia o corrupción, seguidas de la promesa de que todo cambiará y la luz nos aguardará al final del túnel sexenal. Un mundo nuevo, por fin.

Se hará lo necesario para revertir los errores, se reformará lo que tenga que ser reformado para tornar a la senda correcta. “Ires y venires, como aquimichú” sin que la luz prometida nos ilumine con razonable nitidez, mientras la realidad nos avasalla cotidianamente, confundidos entre esta y el discurso optimista de que aquella es sólo una ilusión.

Mientras la clase política se enfrasca en batallas estruendosas, la sociedad se pasma como simple audiencia del espectáculo, sin plena conciencia de que su devenir depende, precisamente, de lo que sucede en esa caldera de intereses e intenciones a los que parece ajena.

Dos pasos adelante, dos pasos atrás. ¿Cuál es el rumbo? ¿Se tiene una mínima y razonable claridad de cuáles son las aspiraciones como nación más allá de cada sexenio?

Tal pareciera que no. México, lo enseña su historia, parece estar apasionado por sus eternos conflictos domésticos, a partir de su independencia, los grandes acontecimientos han sido de confrontación interna. “Quítate tú para ponerme yo”. La conservación del poder a ultranza que prima sobre la que debiera ser la vocación propia de su ejercicio en una democracia: el bien común, traducido este en progreso, desarrollo, paz, prosperidad. En suma, felicidad colectiva.

¿Tenemos conscientemente un proyecto de nación o simplemente la coyuntura marca el día a día con base en la iluminación de nuestros próceres?

Publicado en Voces de México y reproducido en El Rincón del Chamán con autorización del autor.

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