Café para Todos: EL SILENCIO DE TRUMP SOBRE EL TERREMOTO EN MÉXICO

Por Alberto Carbot, periodista y director de la Revista Gente Sur 

Muy pocos han percibido el silencio que hasta este martes ha mantenido el presidente de Estados Unidos Donald Trump, sobre el terremoto de 8.2 grados en la escala de Richter que sacudió el pasado jueves a una extensa zona del sureste y centro del país, y que ha arrojado hasta ahora 96 muertos y al menos 2.5 millones de damnificados.

Pese a que la vocera de la Casa Blanca, Sarah Huckabee, comentó que el presidente estadounidense llamaría ayer martes por la tarde al mandatario mexicano, lo cierto es que si el diálogo tuvo lugar, los detalles de la conversación no fueron divulgados por ninguno de los 2 gobiernos.

No obstante, el silencio de Trump en torno a la tragedia que vive gran parte del territorio mexicano es una condición que ya no debería sorprender a nadie, pues denota la típica actitud de un hombre que fincó su triunfo electoral fomentando su animadversión hacia México, al promover la expulsión masiva de indocumentados, la construcción de un muro fronterizo y terminar con el Tratado de Libre Comercio (TLC).

Hoy como mandatario en funciones, ha basado la relación bilateral en la reiteración de sus posturas arbitrarias, extremistas y antimexicanas. De ahí que la enorme tragedia provocada por los sismos, pudiese no perturbarlo en el Salón Oval.

Una actitud muy distante y desatinada, si se le compara con la oleada de mensajes de solidaridad emitidos por parte de numerosos jefes de Estado y de gobierno, y muchas figuras públicas -inclusive de la farándula estadounidense-, que se volcaron hacia México para ofrecer su respaldo, así sea sólo moral, que también se agradece.

Por ejemplo, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se comportó a la altura de un buen vecino y dijo que “mis pensamientos están con los lesionados y todos aquellos que perdieron a sus seres queridos  por el mortal terremoto de la noche pasada en México”  y señaló que su país está listo para auxiliar a los damnificados.

Por supuesto, varios mandatarios latinoamericanos -entre ellos la chilena Michelle Bachelet, el peruano Pedro Pablo Kuczynski, el colombiano Juan Manuel Santos, el panameño Juan Carlos Varela y el guatemalteco Jimmy Morales-, tuvieron palabras de aliento hacia México, lo mismo que el presidente español Mariano Rajoy, quien expresó a Enrique Peña Nieto la “solidaridad, afecto y el pésame del pueblo español por las víctimas y daños del terremoto”.

Incluso la activista paquistaní Malala, ganadora del Premio Nobel de la Paz 2014, después del terremoto se manifestó preocupada por sus amigos de México y dijo que su familia y ella rezaban por su bienestar.

ABBOTT Y JACOBSON

Hasta hoy el gobierno mexicano no ha querido decir nada de la actitud silente y poco solidaria de Donald Trump, pero cuando este lunes  anunció su decisión de suspender la ayuda que había enviado a Texas, para enfrentar la catástrofe provocada por el huracán Harvey, de algún modo México quiso enviarle también un mensaje de reproche a Estados Unidos.

En un comunicado oficial, la Cancillería informó que el gobierno de México decidió cancelar la entrega de ayuda humanitaria a Texas, pues ya no existen condiciones para otorgarla y argumentó que ahora requería canalizar todo su apoyo hacía las víctimas del temblor y del huracán Katia.

Los únicos altos funcionarios del gobierno de Washington que mostraron su inmediata solidaridad con México, fueron el gobernador de Texas, Greg Abbott y la embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson.

“Nuestras oraciones están con familias afectadas especialmente en Oaxaca y Chiapas”, señaló vía Twitter Jacobson, quien asumió el cargo desde mayo de 2016, por designación del expresidente Barack Obama. La funcionaria estadounidense siempre se ha comportado como una gran dama y como una excelente diplomática, sabedora de que en estos momentos es en los cuales se conoce a los amigos.

Desde el momento en que ocurrió el sismo -del cual se han registrado más de mil réplicas-, transcurrieron 4 días para que el secretario de Estado Rex Tillerson, ofreciera oficialmente ayuda de su gobierno al titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Luis Videgaray, para atender a las víctimas del terremoto y del huracán Katia.

Para resarcir un poco esta lejanía -en su conversación sostenida el lunes por la noche con el canciller mexicano-, Tillerson manifestó sus condolencias por la pérdida de vidas causada por los sismos y el paso del huracán Katia en Veracruz y Puebla, y señaló que Estados Unidos “está listo para ayudar a nuestros vecinos en México, en este momento difícil”.

Lo más curioso, si nos sirve de consuelo, es que la insensibilidad del magnate estadounidense hoy convertido en presidente, no se circunscribe a los mexicanos, pues tampoco parece ocuparse siquiera de los problemas de otras naciones que no sea la suya.

Y realmente -si analizamos a fondo esta actitud de desdén de Donald Trump ante la tragedia que afrontan varios estados del país-, quizá no debiera extrañarnos tanto su postura, porque ¿qué otro gesto podríamos esperar de un presidente que ha llamado a los mexicanos violadores, narcotraficantes y asesinos, y que ha prometido deportar a 6 millones de inmigrantes?

Fotos: Internet

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