2024, escenario posible y probable

De norte a sur/Abigail A. Correa

Por Jesús Sánchez, periodista independiente // @Chucho_Sanchez

Las cuentas no les salen.

En el análisis prospectivo de la sucesión adelantada, el punto de coincidencia es que será prácticamente imposible que se repita el fenómeno de los 30 millones de votos de 2018. Ni yendo a bailar a Badiraguato, digo… a Chalma.

Veamos por qué. Un primer razonamiento tiene que ver con un hecho inobjetable, que la corcholata que resulte destapada, aunque lo sueñe, no será el mismo candidato que el de 2018. Eso sin contar con que como en las películas, las segundas partes son malísimas, un desastre.

No olvidemos que el factor más importante que motivó el espectacular resultado en 2018 fue que el ganador había sido tres veces candidato presidencial (2006, 2012 y 2018), es decir, que estuvo más de 18 años en campaña. Nomás.

Hoy no se ve cómo se repita este fenómeno. Las corcholatas no dan el estirón.

Y a los números negativos de las encuestas agréguele usted que en redes sociales la pugna entre las corcholatas es tan descarnada que han filtrado duros señalamientos de que como en las historias bíblicas, habrá traidor que le dará la espalda a su pastor para jalar el voto útil.

El ambiente político en Palacio está del cocol, pues las corcholatas desconfían hasta de su sombra.

Las encuestas dicen que hoy Marcelo Ebrard va a la cabeza, seguido no muy de cerca por Claudia Sheinbaum y lejos, muy lejos, apenas pinta Adán López. A Monreal ya lo ven como harina de otro costal. Pero al final, como decía don Daniel Cosío Villegas, será una decisión personal, no más.

Si hablamos del capital político, pues este se ha venido desgastándose rápidamente. Representantes de organizaciones civiles, intelectuales, luchadores de izquierda y hasta empresarios que antes simpatizaron y empujaron el resultado de 2018, hoy están estigmatizados o han tomado sana distancia.

Las corcholatas se defienden diciendo que tienen otros datos, pero los tres solo tienen una oferta sexenal, la continuidad. Lo mismo, pues.

Por ahora las corcholatas compiten solo entre ellas simplemente porque aún no hay candidato de oposición, pero eso no quiere decir que la fórmula finalista de Morena vaya a ir en solitario.

Se fueron en un suspiro

En las urnas los números para Morena han ido de más a menos.

En las elecciones federales intermedias de 2021, Morena y sus aliados perdieron 5 millones de votos duros, pues con dificultades lograron 17.1 millones de votos, esto los llevó a perder la mayoría calificada en el Congreso.

En agosto de ese mismo año se realizó una primera consulta popular, promovida por el propio AMLO, para enjuiciar a los expresidentes. El resultado fue una raquítica participación debajo del 8 por ciento, muy lejos del 40 por ciento necesario para que fuera vinculante. El gobierno morenista descargó su frustración en contra de las autoridades del INE.

En abril de 2022 se realizó otro ejercicio para medirle el agua a los camotes, como dicen los clásicos, esta vez enfocado a valorar la ratificación del mandato presidencial.

Para variar el número de votos fue inferior al requerido para que tuviera un efecto legal vinculante. Acudieron a las urnas alrededor de 16 millones de personas, ante un padrón de 92.3 millones de personas.  

Para don Daniel Cosío Villegas, un estudioso de las entrañas del poder en nuestro México lindo y querido, en política “los milagros solo se dan por milagro” y luego estos desaparecen calladamente.

¿Qué tanto es tantito?

Aunque usted no lo crea, el récord histórico de votaciones presidenciales lo conserva el expresidente José López Portillo, quien ganó con el 91.90 por ciento de los votos de los comicios de 1976, no existía el INE y por supuesto los órganos electorales eran controlados por el Estado. Así, se echó a la bolsa 16.4 millones de votos.

Miguel de la Madrid, con todo y las críticas de sus detractores ganó con el 70.99 por ciento de los sufragios, algo así como 16.9 millones de votos. Los órganos electorales también se manejaban desde Gobernación.

Con Carlos Salinas de Gortari las cosas cambiaron en perspectiva pues si bien ganó con el 50.6 por ciento, en realidad fue la votación más baja de esos tiempos, apenas con 9.6 millones de votos. Fue un presidente de minorías.

En esa etapa destacan dos episodios: el de la caída del sistema cuando Bartlett admitió que no tenía suficientes datos para cantar el triunfo y la anécdota de Jorge de la Vega Domínguez, quien anticipó que Salinas ganaría con 20 millones ja, ja, ja, danto paso a uno de los primeros memes de esa época.

No hay que olvidar que el quiebre histórico del salinismo en las urnas empujó a la creación del Instituto Federal Electoral (IFE) en 1990, que en 1996 alcanza su autonomía; en 2014 se transforma en el INE.

Aunque hay quien se lo regatea, Ernesto Zedillo es un expresidente fuera de serie. Pese a las tormentas políticas en contra, asumió el papel que le tocó en la historia para hacer posible la alternancia en el poder. Y obtuvo muchos más votos que el propio Salinas, 17.1 millones.

El resto de la historia es bien conocida: Fox ganó con 15.9 millones de votos, Calderón con 15 millones y Peña Nieto con 19.2 millones.

Las elecciones de 2024 se esperan muy competidas. Todo puede suceder. En lo que no hay duda es que los números de 2018 no se repetirán.

Imagínense que Morena pierda la Ciudad de México. Estamos hablando de 7.5 millones de votos en juego. Como dato, en las elecciones de 2021 perdieron la mitad de las alcaldías, así es que no la tienen nada fácil.

 Lo que ha de ser será.

Columnómetro del Aquiles Baeza

1.- En qué cabeza cabe que estando en la cresta de la quinta ola de la Covid, se realice un concierto como el de la Maldita Vecindad en la CDMX. A alguien no le importa la salud de las personas.  

2.- Con la captura del veterano narco Rafael Caro Quintero, inevitablemente Manuel Bartlett quedó expuesto como uno de los personajes clave en el oscuro episodio de la muerte del agente Enrique ´Kiki´ Camarena. La mera sospecha le está saliendo muy cara al gobierno de la 4T.

3.- Nadie se explica aún por qué el Presidente tardó tanto en reaccionar tras el desplome del helicóptero en el que fallecieron 15 elementos de la Guardia Nacional. Pésimo timing.

4.- Está visto que el plan contra la inflación lanzado en mayo no ha servido para nada. Lo peor es que no se aprecia ninguna estrategia extraordinaria para contener la inflación que en alimentos y bebidas está en 12 por ciento. Ya a nadie tranquiliza decir que en otros países la inflación está peor.

Foto de portada: Quadratín.

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